lunes, 30 de diciembre de 2013

Feliz Año Nuevo

Hoy he pasado el día con mis sobrinas porque su madre tenía que trabajar y ellas tenían vacaciones en el colegio. 
He ido a buscarlas a media mañana para hacer las últimas compras para la Nochevieja y el día de Año Nuevo en un hipermercado. Mientras estábamos allí decidiendo qué pavo coger, había unos chavales al lado. Sólo pude oír un par de frases de su conversación pero fueron suficientes. La chica preguntó: ¿que cojo? y el chico le contestó: lo más barato, que no tenemos ni un duro.


Tras pagar en caja fuimos a casa un momento a dejar la compra y salimos de nuevo. Mientras estábamos en el portal decidiendo adónde íbamos a comer, una mujer con una bolsa de la compra llegó a la puerta. Como vi que iba cargada la abrí. Ella me dio las gracias muy amablemente y se quedó mirando a las niñas. Después me dijo que iba a casa de una de las vecinas que la ayudaba con comida, pero que la vendría muy bien si yo tenía ropa que ya no necesitara para las niñas. Me quedé un poco cortada. Le contesté que no, que no eran mis niñas, que no tenía ropa suya en casa. Y me sentí fatal.


Después de comer hemos estado un rato jugando y las he llevado a su clase de ballet. En la academia estaba despidiéndose una joven de Europa del este que tenía a su niño de la mano. Cuando ya se ha ido me han contado que es una chica que está casada con un español y tienen un hijo, pero que, como ella no encuentra trabajo en España, han decidido que ella volverá a su país a casa de sus padres con el niño y él se quedará trabajando aquí hasta que se puedan arreglar las cosas.

Me ha venido a la cabeza la imagen de nuestro flamante presidente del gobierno (las minúsculas no son casualidad), con cara de satisfacción y contándonos lo bien que están haciendo todo y lo buenos gestores que son, y prometiéndonos que el año que viene va a ser el de la recuperación. Ha bajado el paro, claro, la gente se va a buscarse la vida a otros países. Exiliados forzosos que, con un poco de suerte, mañana cenarán con su familia y pasado... quién sabe. Mientras, los que nos quedamos vemos como día a día van eliminando nuestros derechos, como imponen su moralina farisea y cómo este país se hunde en la miseria económica y moral. 

Bonito fin de año. De verdad que deseo que el año que viene sea mejor. Para ello voy a juntar todo el poco optimismo que me queda. 

Feliz Año Nuevo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

El sueño de Zenobia

La ciudad de Palmira nació en un oasis del desierto de Siria y pronto alcanzó un gran desarrollo gracias a su situación estratégica en la Ruta de la Seda. Se trataba de una encrucijada entre oriente y occidente, entre el Imperio Persa y el Imperio Romano, y supo aprovechar su condición de parada obligatoria en las grandes rutas comerciales que recorrían las caravanas procedentes de oriente. Así pronto sus habitantes se enriquecieron con el comercio y la ciudad empezó a crecer.


Desde el s. I dC pertenecía al Imperio Romano y el emperador Adriano le concedió los derechos de ciudad libre.
Pasaron los años y a mediados del siglo III,  en época de Valeriano, el gobernador de Palmira se llamaba Odenato. En el imperio oriental había problemas con los persas de Sapor I y el emperador marchó allí con sus ejércitos para solucionar el conflicto. Sin embargo y debido probablemente a una traición, los persas capturaron al emperador. Se cree que fue torturado y ejecutado pero realmente nunca se supo más de él. Era la primera vez que sucedía algo así y su hijo y sucesor, Galieno vio como el imperio se sumía en el caos: invasiones, epidemias...


Tras la derrota de Valeriano, Odenato tomó el control de la situación atacando y derrotando a los persas. Galieno lo recompensó nombrándolo "Totius Orientis Imperator". Probablemente el objetivo de Odenato era crear un imperio independiente de Roma pero fue asesinado junto con su heredero, Hairam.

Su esposa tomó el poder como regente de su hijo pequeño, Vabalato. Zenobia era una mujer famosa por su belleza e inteligencia. Hablaba varios idiomas y tenía como consejero al filósofo griego Longino. Decidió dejarse de medias tintas y simulaciones y se independizó de Roma.


Fortificó y amplió la cuidad y se lanzó a la conquista de los territorios que habrían de formar parte del Imperio de Palmira: desde el Eúfrates hasta el Nilo.
Egipto era el granero de Roma y posiblemente la provincia más rica del Imperio, pero Zenobia, invocando su ascendencia egipcia, se proclamó heredera de los Ptolomeos y de la reina Cleopatra. 


La reina venció a los ejércitos romanos y se aprovechó de la debilidad de su rival. Pero pronto cambiaron las tornas y proclamaron emperador a Aureliano, un disciplinado e inteligente general que se había formado en las duras guerras de las fronteras del Danubio y que no estaba dispuesto a consentir la aventura de Zenobia.
Tras muchas batallas y una difícil campaña por el desierto de Siria, el emperador llegó a las puertas de Palmira y se dispuso a asediarla. La reina se preparó para resistir confiando en que el desierto y la falta de víveres y suministros obligaran al ejercito romano a retirarse. Pero no fue así. Aureliano lo tenía todo muy bien planeado y finalmente capturó a Zenobia y a su hijo cuando huían a camello hacia Persia. La llevó a Roma y la obligó a desfilar por las calles cargada de cadenas.

 

No se sabe muy bien que pasó después. Hay varias versiones del final de la reina de Palmira, desde que fue ejecutada hasta que terminó sus días viviendo como una romana más y que murió rodeada de sus hijos.
Pero su vida queda ahí. La de una gran mujer en un mundo de hombres que estuvo a punto de cambiar el rumbo de la historia.

Y también, en un oasis en medio del desierto de Siria, seguirán las ruinas de Palmira, aún imponentes y majestuosas, recordándonos el sueño de Zenobia.
Habrá que tener paciencia y esperar a que la locura que se desató en Siria hace un par de años termine y a que sus habitantes puedan vivir en paz y acojan de nuevo a los viajeros de todo el mundo, que volverán para oír de sus labios el relato de la reina y su cuidad.

Fotografías de National Geographic y Wikipedia.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Lugares que me dejaron sin aliento 2

Creo que a estas alturas es fácil darse cuenta de mi predilección por las ruinas de antiguas civilizaciones. Qué le voy a hacer. A unos les gusta ir a la playa a embadurnarse de crema y arena y pegarse con el vecino para colocar la sombrilla y a otros nos gustan las piedras.
Así que mis favoritos siempre fueron Egipto, Grecia, Roma, las civilizaciones precolombinas, India ...


Supongo que por eso, y tras ir a Egipto y a Roma, no podía ser de otra forma: tenía que ir a Grecia. Aunque en realidad fue un poco por casualidad. Ese año pensábamos ir a Noruega  pero se torcieron las cosas. Y fue llegar allí y enamorarme del país, que le vamos hacer. Desde entonces he vuelto más de treinta veces, pero esa es otra historia. 

Me resulta muy difícil elegir un solo lugar de Grecia. Están los inevitables como la Acrópolis, Delfos, Meteora, los monasterios del Monte Athos, Epidauro, Micenas... es imposible. Quedará pendiente para otra vez.

Petra, la antigua cuidad de los nabateos en Jordania, era de los sitios que sabía que iba a ir sí o sí. 

No se puede describir con palabras lo que se siente cuando, tras un buen paseo por el desfiladero del Siq, encerrados por paredes verticales y tan estrecho que a veces da la impresión de que se van a juntarse, se divisa la fachada  de El Tesoro. 

Y conste que cuando Spielberg lo hizo famoso por las aventuras de Indiana Jones ya estaba en mi lista. En realidad ni siquiera recuerdo desde cuándo, pero hacía ya mucho tiempo.

Sin embargo Petra no es sólo la fachada de El Khazneh y se necesitaría más de un día para descubrirla. Mucho más. 

Lo malo de estos sitios es que siempre te quedas con ganas de más, con ganas de volver algún día sin más ayuda que un buen mapa, un botellín de agua y unas buenas botas y caminar, patear todos los senderos que encuentres sabiendo que al final siempre te esperará una recompensa, un nuevo descubrimiento, algo en lo que no te habías fijado antes...

Y sentarte en una roca, a la sombra por si acaso, para dejarte llevar por la magia que desprenden las piedras.


Japón era otro de los destinos a los que, tarde o temprano, sabía que iría. Es casi una tradición familiar y poblaba mis fantasías desde que era una niña. Además tenía la suerte de que allí me esperaban con los brazos abiertos y pude pasar dos semanas inolvidables por Tokio, Kioto, Kamakura, Monte Fuji, Parque Nikko, Hakone, Hiroshima y las islas de Mijayima... 
Si tengo que elegir un lugar creo que sería el Kinkaku-ji, el Templo de Oro de Kioto. En realidad es una reconstrucción. El original fue incendiado por un monje loco en 1950 y la historia dio lugar al libro "El Pabellón de Oro" de Mishima. 


Y en Alemania me esperaba el castillo de Neuschwanstein, construído por Luis II, "el Rey Loco" en las montañas de Baviera.
Un castillo de cuento, rodeado de un paisaje de montañas y lagos que nos recuerdan a las historias de príncipes y princesas que poblaron nuestra fantasía en los lejanos años de nuestra infancia. 
Recuerdo la decepción que me llevé cuando llegué, para descubrir que había una niebla tan intensa que no podía sino adivinarse su silueta. Pasamos al interior y cuando volvimos a salir las nubes nos habían dado una tregua. Nos esperaban en el autobús pero no me importó. Corrí hasta el mirador y pude, al fin, sacar algunas fotos. Ésta es una de ellas.

Y hasta aquí por hoy. Seguirá... creo.

sábado, 26 de octubre de 2013

Lugares que me dejaron sin aliento

Hace algún tiempo me preguntaron qué cuál era el lugar que más me había impresionado de todos los que había conocido. Y me quedé sin saber qué decir, no porque no hubiera ninguno sino por todo lo contrario, porque hay tantos... Pero voy a intentarlo.

Siguiendo un orden más o menos cronológico creo que el primer lugar que me dejó sin habla fue el Coliseo de Roma allá en mis tiempos de instituto. 


Más al sur de Italia y cerca de Nápoles, Pompeya. Llegamos un soleado día de febrero. Había turistas, pero pocos. Algún grupo de japoneses que visitaba la zona del foro y poco más, porque seguramente tendrían que ver muchas más cosas en ese día. Nosotros íbamos a jornada completa, así que nos dedicamos a pasear por las calles de la ciudad, en su mayor parte desiertas. Tan ensimismada iba que si hubiera visto atravesar a un romano con toga y sandalias delante mío, no me hubiera sorprendido lo más mínimo. Fue como hacer un viaje en el tiempo.


Y después ha habido muchos otros, como el Mont Saint Michel en Normandía, Francia, una abadía construida sobre un islote en el Atlántico. Su origen es tan antiguo que está envuelto en leyendas pero parece que se remonta a antiguos cultos druídicos de las tribus celtas que habitaban la zona. Sin embargo los comienzos de la abadía actual son de los siglos VIII o IX dC. 


En Egipto, las Pirámides. Después de imaginarlas tantas veces, verlas ahí delante, con miles de años de antigüedad, mudos testigos de tantos acontecimientos...


Recordé la frase de Napoleón a sus tropas: "Desde lo alto de estas Pirámides, cuarenta siglos os contemplan".   


Y los Templos de Abu Simbel, en Nubia, el lejano sur casi en la frontera con Sudán. Los mandó construir Ramsés II como homenaje a el mismo y a su esposa Nefertari y para demostrar su poder. Con el paso del tiempo se fueron cubriendo de arena y fueron olvidados hasta que en el año 1813 Burckhardt los "redescubrió". En 1964 tuvieron que ser trasladados de lugar, unos metros más arriba,  para que no los tapara el lago Naser, formado por la gran presa de Assuán.


En un radical cambio de tiempo y de latitud, otro de mis lugares favoritos desde que por primera vez vi su imagen en el anuncio de una marca de whisky, fue el Castillo de Eilean Donan. 
Se alza sobre una pequeña isla en el lago Duich, en las tierras altas de Escocia, cerca de Inverness y data del siglo XIII. Tras ser testigo de muchas batallas, sus ruinas estuvieron abandonadas hasta principios del siglo XX en que John MacRae Gilstrap lo restauró.



Y hasta aquí la primera entrega. Un día de estos me animaré a seguir con más lugares mágicos, de esos que tienes que ver si o si. Pero, por supuesto, ¡es una lista muy personal!. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Valladolid es una ciudad que poco a poco va entrando en los circuitos turísticos pero a la que siempre le ha costado mucho. Y además tiene a su alrededor a León, Burgos, Segovia, Salamanca... que ponen el listón muy alto.
No cabe duda que gracias a la piqueta en los años sesenta se produjo una auténtica barbaridad en el centro de la ciudad. Se derribaron antiguos palacios, casonas e iglesias en pro de el desarrollismo y para edificar en su lugar mamotretos de diez o más pisos qué afean notablemente el casco histórico.



Pero en los últimos años y gracias al esfuerzo de todos se han podido recuperar algunas zonas y edificios de gran valor histórico artístico. Además Valladolid cuenta con un museo único en su género que es además uno de los más antiguos de España: el Museo Nacional de Escultura.
Fue fundado en mil ochocientos cuarenta y dos con tesoros artísticos procedentes de conventos desamortizados. 


Su primera sede fue el Colegio de Santa Cruz. Durante la Segunda República se le dio categoría de Museo Nacional, lo que conllevó su traslado al Colegio de San Gregorio y a partir de los años noventa se produjo una gran renovación con la rehabilitación del Colegio y la incorporación al museo de otras sedes como la Casa del Sol o el Palacio de Villena.


Reconozco que a priori la escultura religiosa no es una de mis favoritas, quizá por eso me ha sorprendido tan agradablemente la visita a este museo. Lo primero que quiero destacar es la extraordinaria amabilidad y profesionalidad del personal que allí trabaja. No estaban en las salas simplemente para figurar, sino que atendían cualquier pregunta sobre la colección que les hiciera, destacando detalles en los que a lo mejor no te habías fijado, incluso contando alguna anécdota sobre las piezas o los autores.


El acceso al museo se realiza a través de una puerta en la monumental portada del Colegio de San Gregorio, de estilo plateresco. De ahí se accede a un pequeño patio que recuerda a los de la villas romanas. 


Y después el grandioso patio del Colegio, de planta cuadrada y dos alturas ricamente ornamentadas en estilo plateresco. Realmente te deja sin habla.


La mayor parte de las salas están distribuidas en torno a este patio. Me han llamado la atención especialmente los techos de artesonado mudéjar. 


Y de la colección... La sillería de San Benito, el Cristo yacente de Gregorio Fernández, cuyo cuerpo está minuciosamente tallado para dotarle del máximo realismo y patetismo.


La cabeza de San Pablo de Alonso Villabrille es de un espeluznante realismo: los ojos vueltos, la boca entreabierta y esculpida por dentro de manera que se observa hasta la campanilla. El tajo del cuello presentando todas las estructuras anatómicas: columna, tráquea... Como decía el cuidador de la sala, y no puedo por menos que estar de acuerdo con él, el escultor tuvo que estudiarse muy bien la anatomía.


Única también la escultura que representa a la Magdalena penitente de Pedro de Mena, de esas obras de arte que dejan un rastro indeleble en la memoria, y quizá mi fvorita.


Desde luego un museo que hay que visitar y no sólo una vez. Por el más que módico precio de la entrada, tres euros, no será.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Olimpiadas

Complejo Olímpico de Deportes de Atenas
Estos días estamos a vueltas con el tema de Madrid 2020. Se decida lo que se decida el sábado en Argentina, no puedo dejar de preguntarme el porqué de tanto empeño en traer unas olimpiadas a España con la que está cayendo.
No me explico y por eso me gustaría que alguien me contara en qué nos puede beneficiar a los españolitos de a pie. A los políticos o a los grandes empresarios lo entiendo, mucha constructora, mucha comisión y mucho dinero en juego.

Complejo Olímpico de Deportes de Atenas
Pero que se gasten 1.500 millones de euros en organizar unos Juegos no me parece normal. Espero que como tenemos a los alemanes en contra no nos lo den. Estoy segura de que mi opinión será muy poco popular pero es así, y no puedo evitar acordarme de lo que pasó con los Juegos Olímpicos de Atenas, fueron el principio del fin de Grecia y uno de los detonantes de su pavorosa crisis. Allí todo el mundo metió mano, las infraestructuras costaron mucho más de lo que estaba previsto porque todos los que estaban en el ajo se llevaron un buen pellizco. Ahora está todo medio abandonado. Y la deuda del país, esa que tienen que pagar todos los ciudadanos de a pie, todos los que no vieron ningún beneficio, subió como la espuma.

Complejo Olímpico de Deportes de Atenas
No dejo de pensar que con los parecidos que somos a los griegos aquí podría pasar algo parecido y es lo que nos faltaba. Y que no me cuenten lo del prestigio... El de España ya está por los suelos y esto no lo arreglan unas Olimpiadas. Ni de broma.
Más vale que inviertan todo ese dineral en crear empleo, en mejorar nuestras maltrechas infraestructuras, nuestra sanidad, nuestra educación... Y que se dejen de pamplinas y de cortinas de humo.

domingo, 4 de agosto de 2013

Camboya: Despedida de Angkor: La magia de las ruinas en la jungla.

Hoy es nuestro último día en Camboya. Qué pena me da, no me importaría quedarme más. Me ha encantado y no sólo por Angkor sino por la gente, el paisaje, todo. Bueno, menos el clima.
Para sentir la magia de un lugar hay que tomárselo con calma, sentarse en un sitio que no esté muy concurrido y dejarse llevar por la historia, la naturaleza, los sonidos y todo aquello que nos haga formar parte de ello.

Mebon  Oriental
Hoy ha habido un momento muy especial. Era el último templo que visitábamos, nuestra despedida de la antigua ciudad,  el Mebon  Oriental. Por el camino ya empezó a llover.

Mebon  Oriental
Aún así páramos y subimos la escalera de entrada. Al llegar arriba diluviaba. Sin paraguas ni chubasquero, al principio me refugié de la lluvia en una torre que tenía en su interior una imagen de Buda y allí fue donde por fin Angkor se reveló en toda su belleza con una intensidad tan fuerte que no me importó en absoluto mojarme, calarme hasta los huesos.

Mebon  Oriental
No había ni un alma, sólo la jungla, las ruinas y nosotros. Era como si fuésemos las primeras personas que entraban en la ciudad perdida. Incluso me ha costado volver al coche. Ya daba igual estar calada hasta los huesos. Estaba feliz por estar allí, por pasear por esos caminos llenos de barro y por trepar por sus escaleras. La lluvia monzónica de la última hora de la tarde ha sido un broche perfecto. Quién me lo iba a decir.

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Por la mañana había hecho sol y habíamos estado en cuatro templos.

Prasat Kravan
El primero fue el Prasat Kravan, formado por cinco torres de ladrillo de las cuales solamente una se conserva entera. Está dedicado al dios hindú Visnú y en su torre central tiene bajorrelieves del dios.

Pre Rup
El siguiente templo ha sido el Pre Rup, una pirámide de ladrillo dedicada a Shiva y a los ritos funerarios. La subida es empinada y todavía no sé porqué no hemos entrado en el recinto.



Por la carretera hemos parado a ver puestos de dulces de azúcar de caña y artesanía, y a la gente trabajando en los campos de arroz.

Banteay Srei
Así hemos llegado a Banteay Srei, el templo de las mujeres llamado así porque sus descubridores pensaron que los relieves de su decoración eran tan delicados y de tal perfección que sólo podían estar hechos por mujeres.

Banteay Srei
Construido en piedra arenisca rosada consta de varios pabellones, bibliotecas, un santuario...

Banteay Srei
Los dinteles son auténticas joyas y narran en sus escenas historias de la mitología hindú.

Banteay Srei
En este templo había algún policía y uno de ellos se me ha acercado y, muy misteriosamente y en voz muy bajita, me ha ofrecido su placa. Yo le he contestado que no gracias y al preguntarle sobre el tema al guía me ha contado que aquí los policías ganan unos cincuenta dólares al mes y que muchas veces venden sus placas a los turistas ansiosos de tener un recuerdo del lugar.

Banteay Srei
Por el camino hacia Banteay Samre se atraviesa una zona de viviendas tradicionales y se puede ver a la gente trabajando con sus animales o en los campos de arroz.

Banteay Samre
El templo también es conocido como el Angkor Wat en miniatura. Está bastante bien conservado y con menos gente que otros más famosos, sobre todo porque no suele entrar en el recorrido de los grupos.

Banteay Samre
Aún así resulta difícil hacer una foto en condiciones, en la que no salga un chino haciendo el tonto para la posteridad. Son una plaga y no tienen ni puñetera educación. En fin...

Banteay Samre
El templo tiene una bella torre central y frisos con hermosos bajorrelieves que representan a los dioses del panteón hinduísta y del poema épico Ramayama.

Banteay Samre
Aunque en el templo también hay representaciones de Buda y un improvisado altar con ofrendas.

Banteay Samre
Antes de llegar, un montón de niños que hablan todos los idiomas trataban de vendernos sus artículos: postales, pañuelos, móviles, figuritas de papel... Insistentes hasta la extenuación pero graciosos y simpáticos, y encantados de que les hagas fotos. Una monada.



Además se las saben todas. En esta zona, una de las más desarrolladas de Camboya a causa del turismo, la escolarización es cercana al cien por cien. O eso nos contaron. Aún así con carita de pena te decían: "one dólar Madam, no money to go to school". Y se morían de la risa.


Al llegar al hotel nos falta tiempo para darnos otra ducha. Entre el sudor, el barro, el cansancio... Ya vamos por las tres duchas diarias y porque no pasamos más a menudo por la habitación.
Comimos, descansamos un poquito y en marcha de nuevo. Otra tarde de templos esta vez menos conocidos pero tal vez por ello menos restaurados y frecuentados y por eso conservan una magia que los grandes casi han perdido.

Preah Khan
Primero el Preah Khan. Era casi una ciudad y albergaba un monasterio, una universidad... Ocupaba más de cincuenta hectáreas y estaba rodeado de fosos.

Preah Khan
Preah Khan
El templo de la espada sagrada del Rey está poco restaurado y la vegetación lo invade a la manera del Ta Prohm pero está mucho menos concurrido. Merece la pena tomárselo con tranquilidad y tratar de imaginar cómo era vivir allí en sus momentos de máximo apogeo.

Preah Khan
Impresionante. Ahora las ceibas abrazan sus muros y las telarañas cubren sus dinteles. Es cómo hacer un viaje en el tiempo.

Preah Khan
Como la mayor parte de los templos, también tuvo sus bibliotecas. Una de ellas conserva dos pisos con columnas que dan una idea del tamaño que debía tener.

Preah Khan
Protegido entre los muros del templo había un niño dibujando. Me paré a observarle porque no podía creer que las pinturas que allí tenía las hubiera realizado él. Pero el chiquillo siguió tranquilamente, concentrado en lo suyo y sin levantar la cabeza de su trabajo. Me dejó con la boca abierta.

Preah Khan
El Neak Pean o templo de las serpientes enrolladas es otro templo con un entorno increíble, rodeado por una zona inundada de la que emergen fantasmagóricos árboles muertos y pequeña vegetación.

Neak Pean
Es una de las ventajas de verlo en esta época del año. En la estación seca pierde parte de ese encanto.

Neak Pean
Se llega a él atravesando por unas pasarelas de madera. Así se alcanza un pequeño templo en una islita en medio de un estanque al que no se permitirá pasar de la entrada. Genial, así no había problema para hacer fotos sin gente haciéndose el recuerdo del viaje.

Neak Pean
El estanque central es una réplica del lago sagrado Anavatapta, fuente de los cuatro ríos sagrados en la mitología hindú. Los peregrinos acudían hasta aquí para rociarse con el agua sagrada.

Neak Pean
Cuando nos dirigíamos al siguiente templo pasamos por un puente desde dónde se podía ver a la gente pescando metida en el río. Paramos allí un rato. Era un espectáculo curioso de ver.


A la entrada de muchos de los templos hay grupitos tocando música tradicional. Sus componentes son mutilados por las minas que se ganan así el sustento para sus familias.

Neak Pean
Una gran parte del país sigue minado y de vez en cuando un campesino se despista y se sale de los caminos tradicionales...



En el Ta Som siguieron persiguiéndonos las niñas. Yo ya me moría de la risa y ellas se contagiaban pero no desistían de intentar vendernos sus pañuelos.

Ta Som
Éste es un pequeño templo edificado en la misma época del Ta Prohm y en el que lo más destacado es ver la puerta con las caras de Buda estrangulada por las raíces de un enorme baniano o higuera de Bengala.

Ta Som
Aquí empezó a llover. No habíamos cogido los paraguas ni los chubasqueros y la lluvia era tan fuerte que enseguida empezamos a calarnos...

Ta Som
Y así siguió hasta llegar al Mebon Oriental...

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Por la noche hemos cenado en un local en el que ofrecen bufet y bailes tradicionales por doce dólares. Me ha sorprendido agradablemente después del fiasco de la cena kantoke en Chiang Mai.

La cena ha sido muy buena y muy variada y los bailarines mucho mejores que los tailandeses. Éstos si que nos han gustado y ha sido mucho más barato. Lo único malo es que estaba al aire libre y los mosquitos aquí entran a matar. Relec a chorro.

Al llegar al hotel me he dado otra ducha y a dormir. Mañana va a ser un día muy largo. Nuestro avión sale a las ocho de la tarde y a pesar de que hemos intentado negociar con el hotel un check out late, no nos hemos puesto de acuerdo. Nos pedían casi lo mismo que por quedarnos un día más.

Así que supongo que demoraremos al máximo la salida de la habitación y luego nos quedaremos en la zona de recepción que tienen unos sofás muy cómodos y unos músicos tocando todo el día melodías camboyanas muy relajantes.

Después tendremos que coger un avión de Siem Reap a Bangkok y dos horas después otro que nos lleve ya desde Bangkok a Madrid...

Otras trece horitas de nada. Llegaremos en torno a las ocho de la mañana. Supongo que del aeropuerto iré a Chamartín a ver si puedo pillar un Ave prontito, pero todo eso ya es otra historia...