domingo, 9 de diciembre de 2012

Viento y lluvia en la cuna de Europa


Lluvia, viento y frío. Miro por la ventana del apartamento y lo último que me apetece es salir a dar un paseo. Me da pena porque suelo reservar la mañana de los domingos de invierno para dar un paseo hacia la Acrópolis o el Ágora. No sé si con la crisis esto habrá cambiado pero hasta el año pasado, la entrada de todos los sitios arqueológicos de Atenas era gratis el domingo por la mañana. 
Y si hay algo que me encanta de esta ciudad es subir hasta la Acrópolis e, ignorando a toda la gente, darme un paseo por allí como si estuviera yo sola 2000 años atrás y esto no fueran unas ruinas expoliadas sino el centro cultural del Mediterráneo, el lugar donde se inventó la historia, los mitos, la filosofía, la física, la medicina, las matemáticas...


Después tomo asiento siempre en el mismo sitio, un banquito de obra adosado a una de las paredes del antiguo museo, el único lugar donde te puedes sentar a la sombra y contemplar el Partenón en todo su, relativo, esplendor. Y allí puedo pasarme toda una mañana, contemplando el ir y venir de los turistas, tan diferentes y tan iguales todos ellos. 
Los nórdicos, con sus bermudas y sus sandalias con calcetines haga la temperatura que haga, los mediterráneos tan gritones y tan expresivos, las abuelas griegas, vestidas de negro de arriba abajo, los popes ortodoxos son sus largas barbas y sus faldamentas negras... 


Y los gatos. Porque estos animalitos forman parte del paisaje. Hay montones de ellos entre las piedras, entre las ruinas, esperando pacientemente a que un turista sorprendido les dé algo de comer o se entretenga haciéndoles unas fotos.

Después regreso por las callejuelas de Monastiraki y Plaka, entreteniéndome entre las tiendecitas de recuerdos, las joyerías, las típicas "tavernas" en las que los camareros salen a la calle a intentar convencerte a voces de que su comida es la mejor, la más auténtica y la más barata. 


Aquí se hablan todos los idiomas, no hay ningún problema si no hablas más que el tuyo: ellos lo hablan también. El español suele ser una mezcla con el italiano, algo así como el itañolo, muy gracioso pero que se entiende perfectamente. Son comerciantes natos, descendientes de aquellos que se aventuraron por todo el Mediterráneo para establecer sus "emporios" en lugares tan alejados como Hispania.


Es inevitable terminar comprando algo, una esponja natural de las islas del Egeo, una pulsera de madera de olivo, un precioso colgante de plata, una estupendas sandalias de cuero hechas a mano, una bolsita de orégano... Es como un bazar oriental, aquí hay absolutamente de todo.


Pero hoy me temo que no voy a ir. Me conformaré con las vistas desde la terraza. Viento y lluvia es la peor combinación posible, no hay manera de usar el paraguas y yo soy de un pueblo castellano: no me gusta la lluvia.

viernes, 7 de diciembre de 2012

De compras en Atenas


Hoy he estado haciendo algunas comparaciones con los precios y cada vez lo entiendo menos. Ha sido algo casual, porque, a pesar de que soy muy despistada, hay cosas que por fuerza te tienen que llamar la atención.

Ayer fui al supermercado del barrio a comprar algunas cosillas básicas, de supervivencia: leche, bizcocho para el desayuno, helado de chocolate (vale, lo del helado no es cuestión de supervivencia pero está muy bueno), tomates, queso feta, una ensalada preparada... Y por la noche fuimos a una taverna (no es una falta de ortografía, en griego taberna se escribe con v) a cenar.

Bueno pues, factura en mano, resulta que sale más barato salir a cenar fuera que preparártelo en casa. 
Así, por poner un ejemplo, la ensalada César comprada en el supermercado, me costó 4,27 euros, con un IVA del 13% y por una especie de pastel de berenjena y queso en la taverna, que estaba buenísimo, nos cobraron 4 euros, con un iva del 23%. Es verdad que no es un lugar turístico, es una zona en la que sólo ves griegos y en la que puedes cenar, vino incluido por 22, 50€ ¡la pareja!. Y es imposible terminárselo todo.
Para que se vea que no miento hice la foto de las facturas. La conclusión, aunque paradójica, resulta evidente, y es que es mejor salir y no quedarse en casa. (Con excepción del café, claro, que no suele bajar de los 2 o 3€ o de las copas que pueden hacer temblar el presupuesto de la noche). En este país es normal que te gastes más en tomarte una copa que en cenar.


La ropa de las cadenas, de Inditex por ejemplo, es más cara aquí que en las tiendas españolas. No se si os habéis fijado alguna vez que la etiqueta en España normalmente es doble, en la parte de fuera figura un precio que suele ser el más bajo y va con una marca roja. En la de dentro hay otro precio, más alto, con una marca en azul. Bueno, pues ese es el que hay en Grecia, el azul. Como mínimo una diferencia de 5 o 10 euros. Antes no era así, pero por alguna razón que se me escapa, ahora es más caro comprarse una camiseta aquí que en España.


Bueno al menos me quedan los zumos de naranja naturales tamaño xxl por 2€ y medio. Umm... me encantan...

lunes, 19 de noviembre de 2012

Καλη Ορεξη! (¡ Buen provecho!)


Hace tiempo que tenía pendiente una comida griega con mi gente, pero no es fácil ponerse de acuerdo con la fecha. Finalmente la fijamos para ayer domingo. 
El reto era  hacer unas cuantas especialidades griegas. La mayor parte de los que estábamos allí habíamos visitado Grecia, así que tampoco era una sorpresa.

El menú fue el siguiente:
  • Tyrokafterí y Meltzanosalata
  • Ensalada de tomate con queso feta y orégano
  • Spanakopita
  • Moussaka
  • Souvlaki kotópulo (brochetas de pollo)
  • Yogur griego con miel
  • Milópita (tarta de manzana)
Uno de mis platos favoritos es el Tirokafterí, una combinación de queso feta y pimiento picante que se sirve con rebanadas de pan tostado o de pan pita. Se hace de muchas formas, algunos lo preparamos con pimientos verdes picantes, otros con rojos, algunos con yogur, otros sin él ... Una cosa es segura, el nombre de esta crema ya nos avisa: tyri = queso y kafterí = caliente, ¡Así que tiene que ser picante!
Está muy buena y se puede hacer fácilmente un día o dos antes. Se sirve como un aperitivo junto con un poco de pan y aceitunas gordas. 




TYROKAFTERÍ  (ΤΥΡΟΚΑΥΤΕΡΉ)
  • 200 gr de queso feta desmenuzado 
  • 1 yogur griego* 
  • 2-3 cucharadas de aceite de oliva* 
  • pizca de pimiento rojo picado  
  • 1 pimienta de cayena 
  • 1 -2 guindillas verdes en vinagre 
  • 1 pepinillo, finamente picado
Mezclar el queso feta, el yogur, la pimienta de cayena, pimiento rojo, y el picado de guindillas y pepinillo. Poco a poco se agrega el aceite de oliva hasta que alcanza la consistencia deseada. Se deja en el frigorífico por lo menos una hora y se sirve con pan tostado o triángulos de pita.
* Añadir el yogur y / o aceite de oliva hasta lograr la consistencia deseada.

Otro de los entrantes que me encantan es la melitzanossalata, parecida a la anterior pero cuyo ingrediente principal es la berenjena.El término significa "ensalada de berenjena" y tiene variaciones.  Se sirve como acompañamiento o con pan tostado. Pensé que iba a gustar menos, pero ¡me equivoqué!. Fue la primera que se terminó.



MELITZANOSSALATA  (ΜΕΛΙΤΖΑΝΟΣΣΑΛΆΤΑ)

Ingredientes: 
2 berenjenas grandes (300 g de pasta cocida)
1 yogur griego
1 diente de ajo
1 cucharadas de vinagre balsámico
2-3 cucharadas de aceite de oliva extra virgen
1 cucharadita de sal

Preparación: 
Cocinar la berenjena a la parrilla. Pelarla y dejar escurrir la pulpa. Agregar todos los ingredientes restantes y mezclar de manera que se noten los trocitos,  no hecha un puré homogéneo. Pruebe si necesita más sal o aceite. Puede servirse inmediatamente o almacenar en el refrigerador durante una semana.


Las "pitas" son una especie de empanadas hechas con masa filo y rellenas de cualquier cosa que se nos ocurra. Las más clásicas son la tirópita (rellena de queso) y la spanakópita (de espinacas y queso). Se venden en las panaderías de toda Grecia y son muy populares como desayuno o tentempié. 

SPANAKOPITA (ΣΠΑΝΑΚΌΠΙΤΑ)

Y la archiconocida Moussaka, supongo que la comida griega más conocida y que todo el mundo ha probado alguna vez. Yo no he encontrado nunca dos iguales. Puede resultar deliciosa o un auténtico ladrillo. Curiosamente, de todas las que he probado, en Grecia y fuera de Grecia, la que más me gusta es la que hace mi hermana. Con esto no quiero decir que sea la mejor, ni la más auténtica, simplemente es cuestión de gusto.


MOUSSAKA (ΜΟΥΣΑΚΑΣ)

Ingredientes: (Para 9 personas)
  • 3 berenjenas grandes
  • 800 gr de carne picada de ternera
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 l de tomate frito casero
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 l de salsa bechamel 
  • 200 gr de queso rayado
  • sal, nuez moscada, pimienta negra.
Preparación:
Se fríen la cebolla y el ajo finamente picados en el aceite. Cuando esté la cebolla blandita se añade la carne picada y se rehoga hasta que queda suelta. Se añaden las especias, la sal y el tomate y se deja reducir el líquido.
Se cortan la berenjenas en rodajas de aproximadamente 3-5 mm de espesor y se fríen o se hacen un poco a la plancha en la sartén (depende si os gusta con más o menos grasa).
En una fuente para el horno se disponen capas de berenjena y de carne alternándolas (como en la lasaña) y se finaliza con la bechamel y el queso rallado.
Se mete en el horno a unos 180º y se deja hacer hasta que la superficie quede dorada.

En Grecia no se acostumbra a tomar postre, pero como estamos en España, es buena idea terminar con yogur (griego, por supuesto) con miel. Y en nuestro caso, pues también hubo tarta de manzana, ¡que a mi madre le queda muy buena!

Καλη Ορεξη!  (Kali Orexi!) ¡ Buen provecho!




jueves, 15 de noviembre de 2012

Hoy es quince

Llevo todo el día dándole vueltas a lo mismo. Hay veces que un pensamiento se te mete en la cabeza y no hay manera de sacarlo. Por más que lo intentes siempre vuelve con la misma fuerza que si no se hubiera ido. Ya llevaba unos días dándole vueltas. El jueves es quince. Yo que nunca se a que día estoy. Pues esta semana no se me ha pasado ni uno. El jueves es quince. Y al fin ha llegado el jueves. Una jornada normal y corriente en la que no ha ocurrido nada digno de reseñarse, desayuno, ducha, entretenerme en hacer algunas cosillas... Lo normal, salvo que era quince. Y me lo ha recordado el ordenador, el teléfono, la fecha de envasado de la carne cuando he ido a comprar... Todo se se ha empeñado en recordarme la fecha. 
Al final, cuando estaba cenando en la casa de mi madre antes de ir a trabajar, no he podido remediarlo. Hoy es quince, le he dicho. Ya me he dado cuenta, me ha contestado.
No hemos dicho nada más, no ha hecho falta. Hemos estado un rato en silencio y luego hemos seguido viendo las noticias.

Felicidades, papá.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Valle de Cabuérniga: Los Tojos y Bárcena Mayor

Normalmente no me gusta salir fuera en los puentes. Cada vez soporto menos las aglomeraciones y tengo la suerte de poder viajar en épocas en las que,  normalmente, la gente está trabajando. Eso me permite transitar por las carreteras o por los aeropuertos sin muchos agobios.



Pero este puente me ha coincidido con unos días sin trabajo y he aprovechado la invitación de mi hermana para pasar unos días con ellos en Cantabria. (Y del siguiente ya hablaremos...)
Las predicciones meteorológicas no eran muy buenas, daban lluvias para casi todos los días. Solamente el sábado se libraba. Por eso para ese día planeamos una escapada a la montaña, al Valle de Cabuérniga y en concreto los pueblos de los Tojos y Bárcena Mayor.


En toda esta zona abundan los hayedos y los castaños y eso hace que esta época del año sea muy especial, porque en el otoño los bosques de hoja caduca tienen unos colores impresionantes. Una enorme variedad cromática que abarca desde más profundo verde hasta el rojo fuego, pasando por toda clase de amarillos, naranjas o marrones. Y además, si hay suerte, puedes encontrar castañas,  setas, o las últimas zarzamoras de la temporada.


Primero fuimos a los Tojos, un bonito pueblo al que se accede por una carretera con unas curvas endiabladas. Es un lugar tranquilo, el típico en el que puedes encontrar a los abuelos tomando el sol a la puerta de sus casas, artesanos tallando la madera de castaño, pastores recogiendo sus vacas, niños jugando con sus bicicletas en el medio de las calles...


Es de esos sitios que me hacen preguntarme si no me habré equivocado eligiendo una ciudad para vivir, parque aquí la vida tiene otro ritmo más pausado. Da la impresión de que son mucho más felices en estos pueblos que lo que podemos ver en las grandes ciudades. Y realmente aquí tienen todo lo necesario para vivir. A falta de grandes hipermercados cuentan con el panadero, que reparte el pan  con su furgoneta por unos cuantos pueblos, con los huevos de sus gallinas, con la carne de sus animales, la leche de sus vacas, las verduras de sus huertos... Y si necesitan algo más pues pueden acceder cómodamente por carretera a la ciudad.


Dimos un paseo por el pueblo y sus alrededores y nos dirigimos a Bárcena Mayor.

Bárcena es un precioso pueblo de típica arquitectura montañesa, de calles estrechas y empedradas, casonas de piedra y madera, cuadras para las tudancas y que cuenta además con un puente de piedra sobre el río Argoza, afluente del Saja. Además es el único núcleo habitado del Parque Natural de Saja - Besaya.


Es cierto que en los fines de semana está atestado de turistas y se convierte en algo parecido a un parque temático, pero entre semana, un día cualquiera, es como remontarse muchos años atrás, porque se cree que es uno de los pueblos más antiguos de Cantabria, y de hecho, cuenta incluso con los restos de una calzada romana.


Hace muchos años que lo conozco pero me encanta volver de vez en cuando a pasear por sus calles, por las que parece que no pasa el tiempo o, atravesando el pueblo, seguir hacia un área recreativa con barbacoas, arbolado y prados en la orilla del río Argoza, en el que, a pesar de sus frías aguas, te puedes dar un chapuzón en verano. 


El paisaje cambia mucho de una estación a otra. No tienen nada que ver las nieves del invierno con los soleados días de la primavera, con el verano lleno de vegetación y de animalitos, insectos y mariposas o el otoño con sus espectaculares cambios de color. 


Hemos comido en un restaurante que ha abierto este mismo verano. Se llama la Solana y nos ha gustado mucho. Por los 12 euros que costaba el menú podias elegir entre varios primeros, segundos y postres. No se podía pedir mas. Me he animado con el cocido montañés y de segundo, venado. Buenísimo. Seguro que repetiremos, porque el otro restaurante al que solíamos ir, el Molino, ha bajado mucho de calidad. La última vez que fuimos fue un desastre: la cerveza tenía posos, la tarta moho...


Después de comer lo que más apetecía era una buena siesta al sol para hacer la digestión como es debido. El cielo estaba precioso, azul con nubecitas blancas... ¡Me hubiera quedado allí!

miércoles, 24 de octubre de 2012

La bola de cristal

No puedo decir que me resulten una novedad los precios en Grecia, pero hasta ahora mis compras se habían limitado casi exclusivamente a tiendas de ropa, regalos y cosas por el estilo. 

Hoy he ido a un supermercado para hacer la compra. Nada de otro mundo, lo básico, unos huevos, algo de pollo, leche, bollería, gel de ducha... Y me he quedado de una pieza con los precios. Al principio no me lo podía creer. Pensé que me había confundido, porque no me parecía ni medio normal lo que estaba viendo. Que no era una tienda de delicatessen, sino un supermercado de barrio. Por poner algún ejemplo, la decena de huevos (si, decena, no me he confundido) 2, 89€ o la pechuga de pollo a 11, 90€ el kilo... Y así todo. He recorrido los pasillos casi en estado de trance. Están machacando a esta gente. Con sueldos por debajo de los 500€ y este panorama, no se cómo lo hacen. El iva en los productos básicos es del 13%, en restaurantes, ropa y demás, del 23%. Las gasolineras marcan en torno a los dos euros el litro de combustible, y así todo...


El gobierno griego es incapaz de controlar la escalada de los precios de los productos básicos y ahora ha decidido autorizar la venta de alimentos caducados. Así los que vayan justitos podran comer más barato y los que anden más sobrados seguirán comprando como siempre. O lo que es lo mismo: los pobres podrán comer lo que antes se tiraba a la basura. Eso si, a un precio más reducido. A mi modo de ver esto va a beneficiar principalmente a los supermercados y grandes superficies. Que la lechuga está un poco pocha... Pues no pasa nada, como mucho una diarrea de un par de días. Dieta depurativa.

Así que es ésto lo que nos espera en España. Porque, no nos engañemos, estamos repitiendo punto por punto todo lo que está pasando en Grecia, así que no necesitamos una bola de cristal para ver el futuro. Lo tenemos ante nuestras narices.

martes, 23 de octubre de 2012

Otoño en Atenas

Ayer llegué a Atenas y me recibió un día oscuro y lluvioso pero con una temperatura muy agradable. El avión llegó con algo de retraso porque en Madrid había mucha niebla y, en estos casos, ya se sabe.
Fui directa al metro y he tenido suerte, no lo han vuelto a subir y sigue en los 8 euros. Me parece una pasada, pero más caro sale el taxi...


El apartamento que he alquilado está cerca de la estación de Akrópoli, a unos 10 minutos andando, y en una de las zonas que más me gustan de la ciudad. Y allí he conocido a mi casera, Efi, una arquitecta que está en la treintena y que, en un ejercicio de fe, va a por su tercera niña. Es un regalo que espera para navidades.
Me ha enseñado el piso y es como en las fotos que ya había visto: sencillo, muy moderno, amplio y con mucha luz. Para mi gusto, ideal.


Y nos hemos puesto hablar. Casi dos horas de charla, a pesar de mi mal inglés, en las que hemos dado un buen repaso a la crisis que une a nuestros dos países, a la corrupción que ella opina que es mayor aquí, en Grecia, (pero yo ya no se que pensar) o a la emigración hacia los países ricos de Europa de toda una generación que no ve salida en su tierra.
A ella le preocupa el futuro de sus hijas. Dice que les han ofrecido trabajo en el extranjero, pero que ella no quiere vivir fuera de Grecia, no quiere abandonar. Prefiere seguir luchando día a día y que sus niñas puedan disfrutar de sus familias, de sus abuelos, de sus amiguitos y, porqué no, de la luz y del clima de un país maravilloso. Pero mientras hablaba no había luz en sus ojos sino tristeza.

Se me pasó el tiempo volando y a ella debió pasarle lo mismo, porque solo nos despedimos cuando su marido le llamó para recordarle que las niñas tenían que cenar...
Ya le he dicho que para diciembre vendré otra vez, y hemos quedado en ponernos de acuerdo por email.

viernes, 28 de septiembre de 2012

India: Churi Ajitgarh - Delhi. El gran atasco

Tengo la sensación de que llevo siglos aquí y al mismo tiempo me parece que se me ha pasado rápido. Hoy es nuestro último día en la India. 

Nos hemos levantado tarde y, después de desayunar hemos salido a dar una vuelta por el pueblo, Churi Ajitgarh, y a ver un haveli muy grande, casi un palacete que incluso tiene un templo edificado en el jardín, en el mismo estilo que el edificio principal.


Después hemos ido a la escuela local, no se muy bien porqué, pero el guía parecía muy interesado en que la conociéramos. Yo me sentía fuera de lugar, pero al parecer los niños sí que han disfrutado con la visita, porque no paraban de reírse.

Al fin eran las diez y media cuando hemos salido con dirección a Delhi. Nuestro hotel de hoy está cerca del aeropuerto, por tanto, alejado del centro. Casi mejor, porque no creo que nos de tiempo a nada.


Al principio el tráfico era como siempre, luego ha empeorado hasta niveles difícilmente imaginables para nuestra mentalidad europea. Las travesías de los pueblos sin asfaltar o con unos baches enormes que había que rodear, con los animales y todo lo de siempre.


  
Y a unos cuarenta kilómetros de nuestro destino, un atasco. La madre de todos los atascos. Sencillamente me resulta indescriptible. Una autopista con tres carriles. Los camiones parados a ambos lados dejando paso prácticamente sólo por el del medio. Aparcan en los carriles laterales como si nada y la cosa se va complicando hasta que los coches empiezan a saltar la mediana invadiendo los carriles contrarios, los arcenes e incluso fuera, por el campo. 


Aprovechando los desvíos de las gasolineras como atajo para adelantar.  La locura más absoluta. Más de una hora así, ahora autopista, ahora campo, ahora me cruzo, pero de todas formas sin avanzar más que unos metros entre el infernal sonido de cientos de cláxones tocando todos a la vez. Intentando pasar todos a la vez, sin normas, ni orden ni concierto. No hay policías ni nadie que ponga un poco de cordura en esta guerra. Solo frenazos y acelerones. 


Y todavía me pregunta el guía si esto no pasa en España. Le he respondido que si ésto ocurriera allí, el gobierno sacaría hasta al ejército a solucionarlo. Y le ha parecido una exageración. Claro que también puso cara de incredulidad cuando le dije que yo tardaba media hora en recorrer los cincuenta kilómetros que tengo desde mi casa hasta el trabajo. Ciencia ficción.


Ocho horas para un total se 260 km. Con una parada de cuarto de hora. Incluso las fotos están hechas todas desde el coche. Demasiado que no han salido todas movidas.
Se me ha hecho interminable, no veía el momento de llegar al hotel y descansar un rato. Porque el avión sale a las 5:50 e imagino que irán a buscarnos hacia las 2:00. Así que dormir, lo que se dice dormir, me parece que no va a ser mucho. Pero este hotel es moderno y limpio, tipo de negocios. Lo ideal para pegarse una ducha calentita, cenar y a la cama prontito.

La despedida con el guía ha sido bastante fría. Creo que todos nos hemos quedado tan a gusto, nosotros porque estábamos hasta la coronilla de pelear con el, y él porque no le hemos dejado hacer lo que le daba la gana. Le falta mucho, mucho nivel. Es el peor, con diferencia, de todos con los que me he topado.
El conductor volverá a buscarnos a las 2:00. Este pobre no va a tener tiempo más que para cenar y poco más.

jueves, 27 de septiembre de 2012

India: Mandawa, los havelis pintados y la sonrisa más bonita

Esta mañana, al finalizar el desayuno y cuando ya nos disponíamos a subir a la habitación, uno de los camareros, que parecía el jefe, guapísimo y muy amable, no quería que nos marchásemos sin ver el comedor que vislumbramos ayer de pasada cuando veníamos a cenar. Es muy elegante, tiene una preciosa decoración de calados, filigranas, frescos y pan de oro. Y ya, de paso, el camarero se ha hecho una foto con nosotros. 
El final de la etapa de hoy se encuentra en Mandawa, que se encuentra en la región de Shekhawati, famosa por sus havelis pintados con coloridos frescos en los muros que construyeron entre finales del siglo XVIII y principios del XX mercaderes locales que hicieron fortuna en ciudades como Bombay y Calcuta. Sus mansiones fueron el reflejo de las nuevas tendencias, ideas y posición social con que regresaron. Así las pinturas mezclan a los dioses y héroes tradicionales con temas más modernos, como soldados, trenes, coches, caballeros fumando en pipa...


Hemos hecho una parada en un lugar muy cutre en la carretera y al entrar en el servicio me he pegado un buen susto al descubrir un lagarto a veinte centímetros de mi cara. He salido corriendo y la gente se me ha quedado mirando como si estuviera loca.
Hoy, lo primero al llegar a Mandawa ha sido ir al hotel. Y como me temía, nos han llevado directamente a un tres estrellas. Y como ayer dije que ya no pasaba una más, les he dicho que no bajaran las maletas del coche. Aún así han insistido en enseñarnos un par de habitaciones. No me han gustado. Está viejo y sucio y estoy harta de que intenten tomarme el pelo. He cogido el teléfono para hacer como que llamaba a la agencia de viajes igual que ayer y ha colado. Inmediatamente han dicho que nos cambiaban a uno mejor en un haveli. Dios, otro heritage no, he pensado.
Convencida de que íbamos de mal en peor y después de andar perdidos no sé cuánto tiempo por carreteras de mala muerte, hemos llegado.


Efectivamente es un viejo palacete con pinturas murales. Y mi sorpresa ha sido mayúscula cuando nos han enseñado la primera habitación. Preciosa, impoluta, con pinturas murales y puertas y ventanas de madera tallada. Y con un baño de mármol crema que parece a estrenar.


A pesar de que nos ha encantado nos han enseñado otras dos: una con cama con dosel y baño y sala de ducha separados y otra que es una obra de arte: una gran cama, paredes y techos con pinturas murales en suaves tonos pastel y rodeada en la parte superior por una galería de arcos que, en su parte mas ancha tiene el baño con una gran bañera exenta. Yo me hubiera quedado en ella sin dudarlo, pero reconozco que era más practico el baño con ducha... Aún así le hice unas fotos.


Además hay una piscina impecable, jardines y un comedor con muy buena pinta. Todo el hotelito es una mezcla entre la arquitectura más tradicional y las más modernas comodidades. Creo que se me nota que me ha encantado... Se llama Vivaana y está en Churi Ajitgarh.


A las 16:30 hemos quedado para visitar los havelis de Mandawa. Aunque algunos son muy bonitos, están muy descuidados, algunos difícilmente recuerdan los esplendores del pasado. Las familias que viven en ellos no deben ser conscientes de su valor, o son tan pobres que no pueden mantenerlos. Una pena.


Paseando por el pueblo todo el mundo se quedaba mirándonos. En esta zona no deben abundar los turistas occidentales.


En una calle apareció de repente una niña corriendo y me regaló unas flores. Yo me quedé parada pensando que me pediría dinero, pero lo único que hizo fue sonreír  Estaba tan guapa que, sin pensarlo, le puse unas flores en el pelo y le hice una foto. Se la enseñé diciéndola que estaba muy guapa y desapareció por donde había venido, con una preciosa sonrisa y unas flores en el pelo.


El guía ha comprado otra vez comida en un puesto de la calle y la hemos compartido. Picaba y, como de pasada le he comentado que podía darle al conductor, que seguro que iríamos más deprisa. Me ha contestado que por supuesto y le ha ofrecido un par de veces. Tengo que estudiarme un poco el tema de las castas. No sabía que seguía tan vigente hoy en día.


En la cena hemos estado sólo los tres, parece ser que el guía había quedado con un amigo...
Mañana hemos quedado para desayunar a las nueve y después daremos una vuelta por el pueblo. Curiosamente el haveli más espectacular de los que he visto hoy es el nuestro.
Después de todo el día ha estado bien. Y parece una tontería, pero la sonrisa de la niña se me ha quedado grabada y creo que va a ser el recuerdo más bonito que me lleve de la India.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

India: Bikáner y el templo de las ratas en Deshnok

Tenemos hoy unos 260 km desde Jaisalmer hasta Bikáner, nuestra próxima ciudad, así que hemos quedado prontito, que nunca se sabe cómo estarán las carreteras ni cuánto tiempo tardaremos.


Más o menos a medio camino hemos parado a estirar un poco las piernas en un lugar bastante agradable, con un pabellón y jardines llamado Barsingha Villa. Me he tomado una coca cola al módico precio de 150 rupias, algo más de dos euros, tarifa especial para los guiris, que no saben por dónde se andan. Aquí los precios para turistas son occidentales, pero el resto de servicios, no.


Hemos llegado a mediodía, hoy sin más contratiempos que unas cuantas vacas, búfalos, camellos o pavos reales que hemos tenido que esquivar en la carretera ni no queríamos que alguien nos acusase de haber matado a un antepasado suyo.


El Fuerte de Junagarh es majestuoso pero mucho menos turístico que otros fuertes de Rajasthán, y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes.


Entre las primeras, que hacemos la visita sin aglomeraciones, casi somos los únicos extranjeros y nos hacen más fotos ellos a nosotros que nosotros a ellos. Yo directamente, cuando veo que me van a hacer una fotografía les digo que vale, yo poso para ti y tu luego para mí. Y todos tan contentos.


Entre los inconvenientes está que el estado de conservación de los monumentos, en ocasiones, deja mucho que desear. Pero la visita resulta más natural, como si fueras el primer turista que aparece por allí en años.


Los palacios y templos situados dentro de la fortaleza son blancos o rojos, por la arenisca roja o el mármol con que fueron erigidos.


La mayoría se conservan como museos y proporcionan valiosa información del estilo de vida de los maharajás, puesto que cada uno construyó su propio conjunto separado de habitaciones para no tener que vivir en las de sus antecesores.


Así se pueden distinguir varios estilos diferentes en la arquitectura civil, rajput, mogol, de influencia británica...


Pero todos los interiores están decorados en el más puro y tradicional estilo rajastaní, con pinturas, azulejos, balcones y ventanas talladas, incrustaciones de oro y piedras preciosas...

Sala de audiencias privadas en Anup Mahal
El fuerte originariamente era llamado Chintamani y pasó a llamarse Junagarh o "fuerte viejo" cuando la familia real se mudó al palacio de Lalgarh en el siglo XX.

¿Alguien recuerda la Escalera Dorada de la Catedral de Burgos? 
Es una de las pocas fortalezas de Rajasthán que no está construída sobre una colina. Además de las típicas salas de recepciones, comedores y habitaciones para mujeres con celosías labradas para ver sin ser vistas, cuenta con un museo de armas que exhibe desde armas medievales hasta un biplano de la primera guerra mundial.


A la salida hemos decidido ir al hotel hacer el check-in y descansar una hora antes de seguir con las visitas de la tarde. Aquí teníamos en programa un cinco estrellas, pero nada más llegar ya me he dado cuenta de que nos la habían vuelto a jugar. Era un hotel "heritage", de los que en España llamaríamos hoteles con encanto, pero sin encanto ninguno. Viejo, las camas con el somier al aire, las paredes con desconchones y humedades, sin cortinas... Pero lo mejor era el baño, con hormigas campando a sus anchas por las paredes y una ducha consistente en una alcachofa fija arriba y un desagüe en el suelo, sin plato, sin cortinillas, ni mucho menos, mampara.


Me he plantado y he dicho que yo no me quedaba allí. El guía ha desaparecido, según él para hablar con la agencia  y una hora después seguíamos esperando, así que he llamado yo a la central en España y he hablado con ellos. Me han dado la razón, claro, y cuando ha llegado el guía, estoy segura que de comer y no de solucionar nada, nos ha preguntado que si ya nos habían limpiado la habitación. Muy cabreada le he dicho que habíamos hablado con nuestra agencia y ni limpieza ni leches, que nos íbamos de allí. La que se ha montado. Ha llegado el gerente del hotel para enseñarnos la suite, a toda costa querían que nos quedásemos. También los responsables en la zona de la agencia india. A todo esto, la tarde pasaba y hemos decidido que, en lo que ellos lo arreglaban, nosotros seguíamos con el programa previsto: paseo en coche de caballo y visita al templo de Karni Mata en Deshnok.


El paseo era en un carricoche de esos de dos ruedas y toldillo que parece que al primer contratiempo vas a salir volando. Además con el toldo no se ve nada a los lados y poco al frente, así que me he limitado a hacer fotografías a la locura de tráfico de la ciudad. Parece imposible que no se choquen las motos, las vacas, los buses, los coches, los carros, las bicis, los tractores...


Y al final pasó lo que tenía que pasar, hemos tenido un pequeño accidente, nos ha arrollado... ¡Un toro! Yo sólo he notado el golpe y oído el mugido, menos mal que no nos ha tirado. Pero yo pensaba, vaya suerte que tengo, ayer me tira el camello y hoy me atropella una vaca. Nos ha entrado la risa floja, un poco por lo gracioso de la situación y otro por los nervios.


A unos 30 km de Bikáner se encuentra Deshnok y su famoso Templo de Karni Mata, que tiene unas bellas puertas de plata labrada. Pero por lo que es famoso es porque en su interior viven más de 20.000 ratas negras.


La leyenda cuenta que un hijastro de Karni Mata, una mujer nacida en el siglo XIV y venerada como una reencarnación de la diosa Durga por sus seguidores, se ahogó en un tanque de agua cuando intentaba beber. Karni Mata pidió al dios de la muerte que lo resucitara y, en vez de eso, éste le concedió que todos sus descendientes se reencarnaran en ratas. No debían tener disponible un animalito más agradable que ese.


Desde entonces las ratas son sagradas y veneradas en el templo. Si, accidentalmente, se mata una, hay que reemplazarla por otra de oro macizo, y da buena suerte comer los alimentos, procedentes de las donaciones de los fieles, mordisqueados por ellas.


Además se considera una bendición ver a alguna de las ratas blancas, especialmente sagradas porque son reencarnaciones de Karni Mata o de sus hijastros. Nosotros pudimos ver una, era pequeñita, más parecía un ratoncito.


Pero tuvimos que hacer grandes esfuerzos para poder caminar descalzos por el recinto del templo, entre los miles de animalitos que correteaban a nuestros pies, se amontonaban en el suelo o subían por las paredes.


Además olía fatal porque había comida podrida y excrementos por toda partes. Es una situación inimaginable en tu país, pero aquí cualquier cosa es posible, incluso que una rata pase por encima de tu pies y te quedes tan tranquila.


Es cuestión de mentalizarse y hacer un ejercicio de relajación para no sufrir un ataque de nervios. Bueno, un estremecimiento de asco si tuve. 
Y de nuevo la gente haciéndonos fotos a nosotros. Y esta vez con más razón porque a veces no podíamos evitar un sobresalto y una exclamación. Y ellos se partían de risa. 


Recuero a dos señoras, vestidas con sus saris de colores y sentadas en las escaleras del patio del templo al lado de una ratita, que no paraban de señalarnos y de reírse. O sea, que al final el espectáculo lo constituíamos nosotros.

Llegamos ya de noche a Bikáner y si conducir por el día no es apto para cardíacos, por la noche es alucinante, porque no ves venir a los camellos o a las vacas y demás animales que te aparecen de repente frente al coche, y frenazo va  frenazo viene, todo ello entre los faros de los montones de vehículos que transitan las calles a esas horas.


El nuevo hotel, el Laxmi Niwas Palace, es un palacio de impresionante arquitectura en piedra arenisca roja (arsénica, según el guía, que a pesar de hablar fatal el castellano, se cabrea mucho si le corriges) en el que parece que se ha parado el tiempo... literalmente hablando. Al menos en nuestra habitación, que calculo que la última reforma que ha visto ha sido a primeros del siglo pasado. O sea, que como museo estupendo, pero a mi no me apetece en absoluto dormir en un museo. Y en la escalera por la que teníamos que subir había una parejita de murciélagos. Y una lagartija tamaño xxl. Cortesía de la casa.



Pero no podemos quejarnos porque éste si que tiene cinco estrellas (a pesar de que por la tarde nos dijeron que no había ninguno de esta categoría en la ciudad... ) y las zonas comunes no estaban mal, incluso tenían un precioso comedor de gala que vimos de pasada porque, por supuesto, era para comer a la carta, no para los que teníamos incluido el bufet con la media docena de platos de siempre.
Que ganas tengo de estar en un hotel moderno, minimalista, sin alfombras ni cortinajes apolillados, y sin bolas de naftalina en los registros de los baños para que no huela a desagüe.