domingo, 12 de febrero de 2012

Aute - Atenas en llamas








Caía una noche de Mayo
sobre el Lykavittos,
cenábamos en tu terraza
con todos los Mitos...

Y arriba, la voz de Vasilis
desde la azotea,
hablaba, tras largos ronquidos,
con Zeus y Atenea.

Y abajo, saciando con ouzo
la sed de Dionisos,
llorábamos por las elipsis
de la Historia en los frisos

con lágrimas de ira callada
frente a la impostura
de quienes hicieron del robo
su genio y figura...

Y Atenas en llamas, y Atenas en llamas...
contra un Occidente narciso e insolente,
rompiéndose a trizas...
Atenas ardiente
a veces sueña que va a renacer
de sus cenizas.

Y, hablando, nos dio como un rapto
por la antigua Europa
que ya no va a lomos del Toro
sino de la tropa

que marcha pisando las ruinas
de la inteligencia
del mármol que está a la intemperie
de la decadencia.

Y en sueños, al cielo nos fuimos
como Prometeo
en busca del Fuego Sagrado
del Caos y el cabreo...

Y así, una Pequeña Columna
de locos y artistas
se alzaron con fuego en tu Barrio
de los Anarquistas.

Y Atenas en llamas, y Atenas en llamas...



(Hoy las fotografías no son mías)

viernes, 10 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Jordania: Jerash

Jerash es impresionante. A pesar del frío y la lluvia, del cielo nublado y los charcos en el suelo, de los turistas correteando de aquí para allá con sus cámaras listas para captar la mejor instantánea (entre los que me incluyo).
Creo que habrá pocas ciudades romanas antiguas con un estado de conservación tan bueno. Conquistada por Pompeyo, formó parte de la Decápolis y vivió su época dorada durante los primeros siglos de nuestra era.


A la ciudad se accede a través del Arco de Adriano, levantado en el siglo II dC para conmemorar la visita de éste emperador a la ciudad. Del arco sólo se conserva el primer piso, pero se sabe que contaba con un segundo piso que hacía que el monumento fuera verdaderamente colosal.


Constituye un magnífico ejemplo del urbanismo de las provincias romanas: El cardo y el decúmano, las columnatas, la pavimentación en losas de piedrapor debajo de las cuales todavía existe el alcantarillado original, los templos, teatros, fuentes públicas, el hipódromo, las murallas...


El foro es especial: de forma ovalada y rodeado de una espléndida columnata, pavimentado con grandes losas, precede a una larga avenida asimismo flanqueada por columnas.


Desde el Templo de Zeus se tiene una buena panorámica del foro y de la parte sur de la ciudad. También desde lo alto del graderío del teatro sur, el más grande de los dos con que cuenta la ciudad, se obtienen bonitas vistas del conjunto.


Creo que sólamente había visto una ciudad romana tan bién conservada cuando visité Pompeya.
De cualquier forma ambas ciudades son muy diferentes, en Jerash se conserva la parte más monumental, que es mucho mayor que en el caso de Pompeya.
Sin embargo, en ésta última podemos visitar la parte más privada, las villas de los potentados de la ciudad, los baños públicos, el lupanar, las tiendas de los artesanos, las tabernas, panaderías y todos esos lugares de los que no hubieramos sabio más que por las fuentes escritas si no hubiera sido por la erupción del Vesubio en el s.I dC.


Lo que si es cierto es que ambas ciudades tienen mucho por escavar todavía, mucho por descubrir ya que se pueden observar grandes áreas que a saber qué tesoros guardarán y cuándo habrá dinero o ganas en Italia o Jordania para estudiarlos y mostrarlos a la gente.

martes, 7 de febrero de 2012

Jordania: Amman

La capital de Jordania cuenta con aproximadamente dos millones de habitantes y no destaca por ser una cuidad especialmente bonita. 


Sus orígenes se remontan al Neolítico y estuvo poblada, sucesivamente, por amonitas, asirios, persas y griegos. La antigua Filadelfia griega pasó a formar parte de la Decápolis (liga de diez ciudades de cultura grecorromana en Oriente Medio).

Tras la conquista árabe Ammán floreció bajo los omeyas y los abasíes. Después inició su decadencia hasta que en 1921, Abdullah I de Jordania la hizo sede del gobierno y capital del Reino Hachemita de Jordania.


Numerosas mezquitas e iglesias salpican la capital. La mezquita más famosa de Ammán es la del Rey Abduallah I, que puede albergar a casi 3.000 personas.
En la zona antigua están la Ciudadela, la acrópolis Griega y el teatro romano.
En la colina de la Ciudadela o Jabal Al-Qala se encuentra el templo de Hércules, construído en la época del emperador Marco Aurelio.


El Teatro Romano es el más grande de Jordania, con capacidad para 6.000 espectadores, y se cree que fue construido entre 138 y 161 dC por el emperador romano Antonino Pio en la ladera de la Ciudadela. Todavía se utiliza para eventos deportivos y culturales.


También se conserva parte de la muralla que protegía la Ciudadela y que, aunque con importantes refuerzos posteriores, data de la época omeya.

lunes, 6 de febrero de 2012

Jordania: Aqaba

A primera hora de la mañana, y tras un buen desayuno en el Hillawi Camp junto a un amable beduino, fue a buscarnos el chófer y nos dirigimos hacia Aqaba.

Después del frío que pasamos en el desierto pasamos a la calidez del Mar Rojo. Allí la gente estaba bañándose en la playa, pero ¡vestidos!.


Evidentemente no se trataba de una playa en la que abundasen los occidentales y menos las occidentales. Vamos, que hubiese sido un numerito ponerse el biquini para darse un baño con lo que había por allí. Vete a saber lo que podría pasar.
Los turistas extranjeros se encuentran en los numerosos hoteles y resorts de lujo que hay en las afueras de la ciudad y sobre todo hacia el sur.


Aunque el enclave es muy antiguo y ya se citaba en la Biblia, (por allí han pasado, entre otros, nabateos, griegos, romanos, mamelucos, otomanos...) y se pueden visitar las ruinas de la antigua cuidad de Ayla y el Fuerte Mameluco, realmente hoy en día es una ciudad que por lo que destaca es por sus fondos marinos,  como meta para buceadores o por ser zona franca libre de impuestos. Y no hay que olvidar que es el sitio favorito para pasar sus vacaciones de los jordanos del norte del país, más frío, como el caso de Amman.


Además es el único puerto marítimo de Jordania, justo enfrente de la península del Sinaí egipcia y al lado de la cuidad israelí de Eilat, por un lado y de la frontera con Arabia Saudí, de otro.


Dimos un paseo por el centro, paseamos por su mercado, por la playa, por el Fuerte Mameluco junto al cual se encuentra la bandera más grande de Jordania. El fuerte fue construido por Qansah El-Ghouri, uno de los últimos sultanes mamelucos.
La fortaleza está abierta todos los días y la entrada es gratuita.

También visitamos las ruinas de Ayla.
Estaban bastante abandonadas, sin vigilancia, con la verja abierta e incluso con basura en algunos rincones...

Aún así me gustaron, aunque me pareciera un poco triste su estado de abandono. Supongo que hay países que tienen tanto patrimonio que no saben ni qué hacer con él, pero me da un poco de pena que la gente no aprecie su historia, su cultura... en fin.

Y después una ensalada y un refresco en una terraza, contemplando el ir y venir de la gente, la mezcla de coches de lujo, camellos, carricoches para turistas tirados por caballos...

Sobre todo me hizo mucha gracia un niño que no tendría más de cuatro o cinco años y que paseaba por la acera, delante de nuestra terraza, todo derecho encima de su camello.
Su padre lo vigilaba de cerca, pero el niño parecía que no hubiera hecho otra cosa en toda su (corta) vida.
Era monísimo y no pude por menos que fotografiarlo una de las veces que pasó cerca. Parecía que había salido de una de las aventuras de Simbad, el célebre aventurero de Las mil y una noches que también pasó por Aqaba.

domingo, 5 de febrero de 2012

Jordania: Wadi Rum. "On the sand under the stars"



Eso fue lo que me dijo un jordano en Wadi Rum (on the sand under the stars) y me gustó porque creo que refleja perfectamente lo que sentí en el desierto. 
Es un paisaje que te deja sin palabras, su belleza y sus colores no pueden dejar indiferente a nadie. 
Las excursiones con los beduinos en sus 4x4 están muy bien, pero nada comparable con pasear por las dunas casi en completa soledad a la caída de la tarde. La sensación es tan intensa que llega agobiar un poco.

La soledad es diferente aquí. Porque es una soledad completa, sin paliativos, aunque supiese que el campamento dónde dormiríamos estaba cerca y que allí habría gente, (muy poca por ser temporada baja) al menos unos cuantos beduinos que estaban tumbados junto a sus camellos en una duna, disfrutando del fin del día.


Me dieron un poco de envidia. Desde luego no tienen pinta de estar estresados ni nada por el estilo. Y viven en un lugar muy duro, en un desierto, pero de una belleza apabullante. Me pregunto si serán conscientes de ello, o si tal vez desearían cambiar ésto por la gran cuidad, por los agobios de Ammán, por ejemplo.


De día las temperaturas eran agradables, pero en cuanto el sol desapareció cayeron en picado y pasé bastante frío pese a haber sido precavida y haber llevado un buen forro polar. Pero los beduinos encendieron una fogata en el campamento y las estufas tipo seta dentro de la gran tienda que hacía las veces de comedor.

Y así, contemplando las estrellas y los preparativos de la cena pasamos el resto de la tarde, junto a un grupo de franceses y un par de japonesas, mezclando las charlas y los idiomas como si fuera lo más natural del mundo estar hablando en tres o cuatro idiomas a la vez, todos juntos. Y lo mejor es que nos entendíamos perfectamente (bueno, casi todos hablábamos algo de inglés, yo entendía algo de francés, algunos franceses se defendían en español...)

Además, aunque nuestro guía había marchado hacia Aqaba con el resto del grupo, tuvimos la suerte de ser "adoptadas" por Raid, el guía de los franceses, que estuvo todo el tiempo pendiente de que no nos faltara nada y que incluso nos explicó en que consistían algunos platos de la cena que no conocíamos.


Cuando la cena acabó y tras tomar unos tés de hierbas y algún que otro café al estilo turco, o lo que es lo mismo con todos sus posos que debes dejar en el fondo bebiendo despacio y con cuidado, llegó el momento de la música y el baile. Supongo que si me hubiera tomado un vinito o una cervecita con la cena se me habría quitado la tontería y hubiese salido a bailar con la gente, pero es que así, a palo seco, el temor a hacer el ridículo me puede, qué voy a hacer.

Al tiempo que comenzaba la música se iluminó la montaña que teníamos enfrente con decenas de luces de colores que por el día nos habían pasado desapercibidas y que le daban al entorno un ambiente especial.


Y así llegó el momento de las despedidas. Porque nos enteramos que éramos las únicas personas que se quedaban a dormir en el desierto. El resto de la gente, al igual que el resto de nuestro grupo, pasaría la noche en la cercana Aqaba, en el mar Rojo. Al final les había podido el miedo al frío.

En realidad el mismo miedo tenía yo, que soy muy friolera, pero no hay temperatura baja que se resista a las cinco mantas que llegué a tener antes de entrar en calor y quedarme sólo con tres. Va a ser verdad eso de que el tejido de pelo de cabra con que están confeccionadas las jaimas es muy aislante y evita las temperaturas extremas, ya sea frío o calor.
También había tiendas de lona, pero imagino que las usarían para meses más cálidos o cuando estuviera lleno el campamento. (Menos mal)


A la mañana siguiente un muchacho vino a buscarnos a la hora indicada para que desayunáramos. Y al igual que en la cena lo que comimos fue sencillo y bueno: te, pan pita, huevos, queso... Qué pena me dio cuando llegó el chófer a buscarnos.
Desde luego, este día que pasamos en el desierto de Wadi Rum (el de Laurence de Arabia, y dónde está grabada gran parte de la película, además) es una de las cosas que más me gustó de nuestro viaje a Jordania, algo que no debería perderse nadie, porque quedarse solamente con la visita de un par de horas con los todoterrenos por el desierto es perderse lo mejor, la posibilidad de estar sobre la arena contemplando las estrellas.

sábado, 4 de febrero de 2012

Jordania: Petra

Y al fin, Petra.

Después de tantos años viendo imágenes y leyendo todo lo que caía en mis manos acerca de la ciudad perdida de los nabateos, tenía miedo de decepcionarme, de haberla idealizado demasiado y encontrarme con la realidad de golpe.

Pero no fue así. Sencillamente es todo lo que había imaginado y más. Y pese a ser un sitio tan turístico conserva esa magia de los lugares casi desconocidos, porque realmente es poco lo que se conoce de sus fundadores, los nabateos, como no sea por fuentes externas como los romanos, griegos o incluso la biblia y porque gran parte de la ciudad se halla aún enterrada en la arena.


El acceso se realiza a través del Siq, un estrecho desfiladero de altísimas y serpenteantes paredes que, tras una corta caminata, desemboca directamente en la fachada de el Khazneh (el Tesoro). Si esta visión ya resulta impactante, conviene no relajarse, por que a partir de ahí todo va encadenado, la calle de las fachadas, el teatro, las tumbas reales... La visita programada dura un día, pero pronto te das cuenta de que se necesitaría mucho más tiempo para conocer sólo lo más importante de esta ciudad.


Pero al menos da tiempo a recorrer la parte más monumental y conocida, pasear por la calle de las fachadas, una gran cantidad de tumbas escavadas en la roca y cerca de las cuales parte la escalera que nos guiaría hasta el altar de los sacrificios. Desgraciadamente había que elegir y esta ascensión quedó para la próxima vez...


Aquí una niña beduina nos enseñó a pintarnos los labios y el colorete con fragmentos de roca rojiza. Las vetas de colores que se encontraban en esta zona eran increíbles porque abarcaban casi todo el espectro cromático, creando dibujos y decoraciones naturales de una belleza espectacular.


Seguidamente se encuentra el teatro, construido por los nabateos en el siglo I ac. con un aforo de unos cuatro mil espectadores y ampliado posteriormente, en época romana, hasta alcanzar un aforo casi el doble que el anterior.










viernes, 3 de febrero de 2012

Jordania: Pequeña Petra

Mi segundo día en Jordania hice un descubrimiento. Por mucho que me hubiera estudiado guías, revistas especializadas en viajes o artículos en internet, no había oído, o leído mas bien, nada acerca de un lugar llamado la Pequeña Petra. Solamente una compañera de trabajo me había hablado de la decepción que se había llevado al llegar a lo que ella creyó que era Petra y que resultó ser una broma del guía.


Así que, tras las paradas de rigor en el Monte Nebo y Madaba, nos encaminamos a ese lugar del que no sabía muy bien que podía esperar. Antes de llegar al macizo montañoso en que se encuentra nos sorprendió una buena nevada (si, yo también pensaba que en Jordania no nevaba...).


Cuando paramos no había más que unas jaimas y unos puestos de recuerdos, estábamos solos, ni mas turistas ni nadie que no fueran los beduinos del lugar, llamado Wadi al-Barid y sus cabras.

Lo primero que vimos fue una tumba nabatea tallada en la roca y andando poco más y protegida por una herrumbrosa verja, la entrada a un estrecho desfiladero de poco más de un metro de anchura en algunas zonas, que conducía a un angosto valle que terminaba en unas escaleras talladas en la roca.

Las paredes de roca estaban llenas de estancias excavadas a ambos lados, habitaciones destinadas al descanso de las caravanas que transitaban por la zona.


La más impresionante era un triclinio con una fachada el lo alto adornada con columnas y restos de pinturas murales en su interior. 
La zona, además, estaba llena de pequeñas cisternas y canalizaciones para recoger el agua. 

El lugar me pareció increíble a pesar de la impresión que daba de estar un poco abandonado, como si la sombra de su famosa "hermana mayor", que se encuentra a unos 15 kilómetros, fuese demasiado aplastante.
Posiblemente fuese un aperitivo de lo que nos encontraríamos al día siguiente, pero a mi me cautivó con su tranquilidad y su belleza un poco ajada.