jueves, 27 de marzo de 2014

Sólo es una mujer más

Ayer, cuando eran poco más de las cuatro de la tarde, nos avisaron de que llevaban a urgencias a una mujer herida de bala. Al principio todo eran rumores sobre la nacionalidad de la víctima y los motivos de la agresión. Después nos comunicaron que era una chica española de treinta y dos años, que tenía un niño de once meses y que su expareja llevaba meses amenazándola, persiguiéndola y acosándola. Vivía con sus padres y tenía miedo. Su padre ha contado que esta misma semana fueron a la comisaría a poner una denuncia y que no les hicieron mucho caso. La policía lo niega. De cualquier manera el desenlace ha sido el mismo. Un disparo en la cabeza, en la sien. Muerte cerebral. Pocas horas después la familia, rota por el dolor, donaba los órganos de la joven. Y detenían en un pueblo de Palencia a su asesino. 


No sé cuantas mujeres han muerto ya este año a manos de sus parejas. La noticia a veces ni siquiera aparece en los periódicos o en las noticias. Sólo es una mujer más. Un goteo constante. Si la hubiera matado una organización terrorista hubiera sido portada en todos los rotativos y en todas las televisiones. Incluso internacionales. Pero sólo es una pobre mujer a la que ha matado su pareja. Otra víctima silenciosa del terrorismo doméstico. Y no será la última.

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Por si a alguien le interesa ahí van unos datos:

  • En la última década, 660 mujeres asesinadas. En lo que va de año, 19.
  • El gobierno ha recortado un 30% el presupuesto destinado a la prevención del maltrato.
  • El 016, el teléfono de atención gratuita a las maltratadas, no deja rastro en la factura.


viernes, 28 de febrero de 2014

Lugares que me dejaron sin aliento 3

Bueno, no todo van a ser piedras. Todavía hoy se pueden encontrar en nuestro maltratado planeta maravillas naturales que, como no, también nos dejan sin aliento. Y en algunos casos esto se puede tomar literalmente, al pie de la letra.


Es el caso del Preikestolen, el Púlpito, en Noruega. Cuando me hablaban de los fiordos o de Noruega la imagen era esa, la de una enorme roca sobresaliendo de un acantilado, cientos de metros por encima del agua.

Por eso cuando finalmente pude ir al país escandinavo, Stavanger, la ciudad desde la que se accede, tenía que estar incluida aunque eso significase que me perdería otras como Alesund. Ya que no podía tener todo, al menos intentaría subir a la mítica roca.

Y no fue fácil, ni por la climatología ni por lo escarpado del terreno. La subida exige un esfuerzo, hay que estar preparado para trepar por senderos de cabras. Por supuesto merece la pena, la panorámica es increíble y una vez arriba y con un vértigo de muerte, hay que hacerse la típica foto sentado en el borde. Yo no podía ni mirar, lo pasé fatal.

La bajada fue un poco precipitada. Empezó pinteando y pocos minutos después aquello fue el diluvio universal. Bajamos corriendo, en plan suicida, porque nos podíamos haber roto la crisma. Llegamos a la base en media hora escasa y completamente empapados. Como si nos hubiésemos tirado vestidos a una piscina. Pero claro que mereció la pena. Volvería ahora mismo.


De Islandia me resulta muy difícil escoger algo en concreto. El país entero es una rareza natural y geológica, con paisajes únicos ante los cuales te sientes sobrecogido. Después de darlo muchas vueltas, creo que lo que más me sorprendió fue la laguna glaciar de Fjallsarlón, una pequeña maravilla situada cerca de su famosa hermana mayor, Jokullsarlón, en la que se han rodado montones de películas.


Es más pequeña y se accede a ella por una pista sin asfaltar. Tal vez por ello casi no había gente y la impresión fue mayor. Las fotos que hice no le hacen justicia. El silencio del lugar sólo era roto por los chasquidos ocasionales de los bloques de hielo al desgajarse del glaciar y caer a la laguna en forma de icebergs. Fantástico.


Y en las antípodas pero sin salir de Islandia, el área geotérmica de Námajfall, llena de volcanes, solfataras y lodos hirvientes con un fortísimo olor a azufre. Un paisaje que no parece de este viejo mundo, sino de otro en plena creación.


Totalmente opuesto sería el desierto de Wadi Rum, en Jordania. Su nombre significa "Valle de la Luna" y  dicen que es uno de los más bonitos del mundo. Puedo dar fe de que es de película (nunca mejor dicho, ya que aquí se han rodado varias, la más famosa, Lawrence de Arabia).


Lo mejor es visitarlo en un todoterreno de los que llevan los beduinos y quedarse a dormir en una tienda de pelo de cabra en uno de los campamentos, compartiendo con ellos la cena y el desayuno.


Y luego hay sitios en los que se mezclan naturaleza y piedras. Esas ciudades perdidas que la jungla ha reclamado para si  y en las que la historia y la naturaleza se abrazan, a veces literalmente. Un ejemplo sería Angkor, en Camboya.


viernes, 31 de enero de 2014

Despedida de Marrakech


Qué poco estamos durmiendo en este viaje. Con lo tarde que llegamos anoche y se nos ocurre quedar hoy a las ocho y media de la mañana.

Hoy teníamos libre la mañana  y algunos italianos han contratado una excursión en camello por los alrededores del Palmeral de Marrakech. Pero nosotros hemos preferido ir por nuestra cuenta. Además, y desde la experiencia de la India, no tengo absolutamente ningún interés en volver a subir a un animalito de esos. 

Después de desayunar con los pajaritos revoloteando por el comedor alrededor de las mesas, hemos cruzado por los jardines al hotel de los chicos. Para no perder el tiempo hemos cogido un taxi frente al hotel para que nos dejara en la Koutubia. 

Nos han cobrado seis euros, podíamos haberlo bajado a la mitad, pero era un monovolumen nuevo y podíamos ir todos juntos. El taxista nos ha dicho que los zocos estaban cerrados por ser viernes y fiesta y que mejor nos llevaba a una cooperativa de artesanos. Pero no ha colado. Acordándome de lo que pasaba en Tailandia le he dicho que como no nos parara en la la Koutubia no le íbamos a pagar, así que no ha insistido, ha dado la vuelta y ha parado dónde le pedíamos.


Es verdad que en el zoco había muchas tiendas cerradas, pero creo que se debía a que era muy temprano, porque después han ido abriendo casi todas. Se notaba menos gente pero era mucho más cómodo. Hemos paseado tranquilamente, regateado en algunos sitios, charlado con los artesanos muchos de los cuales ya nos conocían de ayer...


Me he parado a mirar cómo un chico estaba torneando la madera muy hábilmente y me ha regalado un bonito colgante de madera que ha realizado en un momento delante de mí y ya le he comprado una cajita de madera de tuya que me ha gustado mucho. Casi ni he regateado porque me pareció barata y llega un momento en que te planteas si realmente merece la pena pegarse por tan poco.



















Justo cuando empezaba la hora del rezo hemos aparecido por la gran plaza y hemos podido contemplar como miles de personas se agachaban en el suelo mirando hacia la Meca para hacer la oración.


Hoy nos ha resultado más fácil orientarnos y cuando volvíamos a la mezquita para coger un taxi de vuelta al hotel nos hemos encontrado un gran atasco y todas las calles de los alrededores tomadas por policías y militares. Como habíamos oído que estos días estaba el rey de Marruecos en Marrakech nos hemos imaginado que estaría haciendo la oración del viernes en la Koutubia. Y hemos acertado. 

No hemos encontrado un taxi grande, así que hemos tenido que coger dos pequeños a la vuelta, pero por dos euros cada uno. Aquí los taxis se dividen en dos categorías: grand y petit. Los primeros suelen ser monovolúmenes y pueden ir más personas, pero los petit son utilitarios que como máximo pueden llevar a tres personas. El nuestro era tan viejo y estaba tan sucio que me ha recordado a los coches destartalados que usa aquí la gente del campo para ir a trabajar por los caminos de los pueblos.

En el hotel habíamos quedado a las doce y media con el grupo y tras recoger las maletas han venido a buscarnos para llevarnos de vuelta a la medina, porque era allí donde tenían el restaurante para comer los italianos. Nosotros hemos vagabundeando otro poco y luego nos hemos sentado en la terraza de una cafetería para tomar unos cafés au lait y descansar. Aquí también ponen agua junto con el café y es un detalle que se agradece. La diferencia es que es un botellín. Supongo que la jarra con el vaso tendrían poco éxito entre los turistas.

El resto de la tarde ha sido de viaje de vuelta a Casablanca, al mismo hotel de la primera noche.
Durante el trayecto he cambiado el sitio al italiano que iba sentado atrás con los chicos y que es bastante raro. Así que se me ha hecho muy corto porque hemos venido todo el tiempo charlando.


Ya en el hotel, y tras cenar, he esperado un poco por la zona de recepción porque los chicos me dijeron que tal vez vendrían al hotel nuestro para tomar algo y despedirnos. Justo acababa de subirme a la habitación cuando han llamado de recepción preguntando por mí. He bajado y hemos estado hablando y despidiéndonos en la cafetería del hotel. Qué corta se me ha hecho la semana y, sin embargo parece que llevo aquí mucho tiempo. Son muchas las vivencias que se acumulan y los recuerdos que se entremezclan.

Mañana viene un taxi a recogernos a las 11:30 porque nuestro vuelo sale a las 14:30.

jueves, 30 de enero de 2014

Marrakech

Estamos en Marrakech y ha  amanecido lloviendo,  así que me he calzado las botas y puesto el chubasquero y, después de desayunar, hemos empezado a conocer la ciudad.


Como en Fez, nos han puesto un guía en exclusiva para los españoles. Yo ya estaba un poco harta, pero ha resultado un guía muy bueno, con paciencia cuando nos ponemos hacer fotografías, sabiendo de lo que habla cuando nos enseña los palacios, y muy educado.


Hemos parado en los jardines de la Koutoubia, la mezquita más importante de Marrakesh y contemporánea de la Giralda de Sevilla. Sólo la hemos podido ver por fuera porque nos ha explicado que está prohibido el paso a los extranjeros desde tiempos del protectorado francés.


Después hemos ido a ver el Palacio de Dar Si Said, que ahora es un museo y que fue erigido a finales del siglo XIX por Si Said Ben Moussa, visir de Mulay Abd al-Aziz.


Su decoración es espectacular. El palacio está rodeado de murallas y se compone de un edificio central de dos alturas dispuestas en torno a varios partidos porticados. Algunas partes están un poco estropeadas, sobre todo los suelos, pero parece que están restaurándolo.


Muy cerca está el Palacio Bahía o palacio de La Favorita que también fue construido a finales del siglo XIX.


El el patio principal está adornado de mármol y alicatado zellij y era el que utilizaban las concubinas del visir.


Toda la decoración del palacio es espléndida, hecha con materiales muy valiosos, como mármol de Meknes, cedro del Atlas Medio y azulejos de Tetuán y realizado por los mejores artesanos.


Los artesonados de maderas labradas y pintadas de colores de los techos son sencillamente fabulosos, dignos de un buen dolor de cuello.


Nuestra siguiente parada ha sido la famosa plaza Jemaa el-Fna, centro neurálgico de Marrakesh y emblema de la ciudad. Como conjunto arquitectónico no tiene nada destacado, pero lo más importante es la vida que se respira en ella.


Es un gran espectáculo y un mercado donde se venden plantas medicinales, zumo de naranjas y, al caer el sol, se transforma en un escenario en el que actúan músicos, bailarines, encantadores de serpientes, mujeres que pintan las manos con henna, adivinos, puestos de comida, y todo lo que imaginarse pueda.



Pero, como todavía era pronto, hemos pasado al zoco y deambulado por sus callejuelas. Es mucho más limpio que la medina de Fez y, contrariamente a lo que nos habían dicho, más barato, todo ello sin perder un ápice de colorido y autenticidad.
 

Nuestro guía nos ha contado un montón de cosas, no sólo de lo que veíamos sino de costumbres, religión, leyes, historia...


Nos ha gustado mucho y le hemos dejado una buena propina, aunque también nos a llevado a una herboristería en la que, por supuesto, todo era más caro que en las demás tiendas del zoco.


Tenían remedios para absolutamente todos los problemas imaginables, incluido el mal de ojo para el que hacían mezclas con ingredientes más... curiosos, por decirlo de alguna manera.


Aún así he comprado aceite de argán y pastillas de ámbar y me han regalado un pintalabios en forma de tacita de barro con un aceite coloreado con amapola. Dicen que es típico de las mujeres bereberes.


Hacia las doce de la mañana querían llevarnos al hotel para comer, porque había gente que tenía contratada una cena folklórica esta noche y cambiaba la media pensión de cena a comida.


Pero los españoles hemos hablado con nuestro guía y hemos conseguido que nos llevarán primero a ver las Tumbas Sadíes. Son mausoleos en un jardín que simboliza el paraíso de Alá.



Constituyen uno de los más refinados ejemplos de la arquitectura islámica marroquí. Muy ornamentadas y lujosas, fueron construidas desde finales del siglo XVI al siglo XVIII.
En el jardín se pueden ver tumbas decoradas con mosaicos donde están enterrados los sirvientes y guerreros de la dinastía.


Hacia las dos de la tarde hemos ido al hotel a comer y descansar un ratito hasta las tres y media. Pensaban ir directamente a la plaza de de Jemaa el-Fna pero yo me había mirado el itinerario y nos faltaba de ver la Menara.


Han tenido que darme la razón y nos han llevado allí en primer lugar. Es un jardín de olivos y frutales en cuyo centro hay excavada una enorme alberca del siglo XII para almacenar agua. Tiene un pabellón de cubierta piramidal con tejas verdes que era utilizado por los sultanes para sus aventuras amorosas.

 
La pena es que el día estaba nublado y el agua revuelta, así que ni se podía ver el reflejo del pabellón en el estanque ni el telón de fondo de las montañas del Atlas nevadas, una de las imágenes más típicas de Marrakech.


Y después hacia la medina. Nos esperaba la gran plaza y todo su bullicio. Por la tarde el ambiente va cambiando paulatinamente, van desapareciendo los puestos y los tenderetes de por la mañana para dar paso a sitios de comidas, pequeños restaurantes al aire libre.



Las mejores vistas se obtienen desde una terraza en lo alto de un café y desde allí y con el zoom de la cámara se puede captar sin interferencias la vida de abajo.



Los chicos querían volver al zoco de compras y allí hemos pasado las siguientes horas, perdiéndonos por las callejuelas y con algún pequeño incidente pero, en general, sin problemas.


Lo mejor es dejarse llevar. Las tiendas están agrupadas por gremios y muchos tienen allí mismo los talleres y puedes ver como trabajan los artesanos en directo. Lo malo son los espontáneos que quieren llevarte a algún sitio y luego pretenden que les pagues. Ha habido una pequeña bronca pero cuando les hemos amenazado con llamar a la policía se ha acabado la cuestión.


En las compras hemos regateado como campeones, sobre todo los chicos que me han ayudado a comprar una mochila de piel y tela por 16 euros mediante el método de a mi se me antoja y mi marido me dice que ni hablar de gastar más dinero. Nos hemos reído mucho.


Al anochecer cerraban muchos puestos y las callejuelas tenían un aspecto bastante siniestro, pero no ha habido problemas. Cuando de nuevo hemos desembocado en la plaza ésta tenía más vida que nunca. Con la noche está mucho más animada si cabe.


Hay muchos puestos de comida rápida, restaurantes que han montado al anochecer, charlatanes, vendedores de afrodisiacos ... Cualquier cosa, incluso las más estrambóticas se puede encontrar aquí. Los chicos se han animado con una ración de caracoles, pero a mi me dan bastante asquito.  Es que los bichos...


Como habíamos dicho al autobús que no nos esperaran porque se iban muy pronto para llevar a los de la cena espectáculo y nosotros queríamos aprovechar más el tiempo, hemos vuelto al hotel andando. Un paseo de unos cuarenta minutos.