jueves, 13 de agosto de 2015

Rumanía: Monasterios de Sucevita y Moldovita. Paso del Borgo y Bistrita

El Monasterio de Sucevita es otro de los que forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO y se construyó en el siglo XVI. A mí creo que es el que más me ha gustado de todos. Las pinturas del exterior son fantásticas y están muy bien conservadas.




Todo el recinto está rodeado por una muralla con torres de defensa que le confieren un aspecto magnífico. La puerta de entrada está  protegida por una torre.



La Iglesia de la Resurrección es del mismo estilo que el resto de las que hemos visto en esta región de Bucovina, en Moldavia, y está dividida en varias estancias. Aquí también había que pagar por hacer fotos dentro del recinto y estaba prohibido en el interior de la iglesia, que conserva unos frescos espléndidos, llenos de luz y color y que narran historias de la Biblia.



Esta zona está a pocos kilómetros de la frontera de Ucrania, al norte y de Moldavia, al este. Es un paisaje montañoso, lleno de bosques de abetos y puertos con unas carreteras con tantas curvas que, incluso yo que nunca me mareo, he terminado un poco revuelta.



Pero el paisaje alpino salpicado de granjas es precioso. La distancia hasta Moldovita no es mucha, pero las curvas del Pasul Ciumarna y las impresionantes vistas hacen que tardemos un poco más.




El Monasterio de Moldovita data del siglo XV, pero fue refundado por Petru Rares en el siglo XVI, construyéndose una nueva iglesia, la de la Anunciación, con las mismas particiones que las demás que hemos visto: presbiterio, naos, pronaos, cámara funeraria y exonártex.



La decoración exterior de la Iglesia tiene unas pinturas muy bien conservadas, salvo la fachada norte, más expuesta a las inclemencias del frío invierno.




Los monasterios eran recintos amurallados que servían de refugio a la población en caso de guerra, en una época en que las invasiones turcas estaban a la orden del día, y servían de guardianes y transmisores de la herencia cultural ortodoxa de la zona.



Casi adosado a la muralla que rodea el monasterio había un cementerio que era casi como un jardín en medio de los árboles, colorido y lleno de flores.


Campulung Moldovenesc es una pequeña ciudad de unos 20.000 habitantes que, como el resto de Bucovina, perteneció a los Habsburgo. Lo que más me gustó fue su catedral ortodoxa, blanca con tejados rojos con dibujos en verde, amarillo y blanco.


Una de sus principales industrias es la madera. Cuenta con un museo dedicado a la madera, un poco viejo pero interesante.
Aprovechamos la parada para comer. Esta vez a base de queso empanado, cerdo con patatas fritas y una tarta de queso muy contundente. Previamente, para comenzar, nos dieron el típico aguardiente.


Seguimos camino hacia el Paso del Borgo o Pasul Birgaului, dónde se encuentra el Hotel Castillo de Drácula. No es un lugar que tenga nada de especial, como no sea hacer una parada para estirar las piernas y ver el bonito paisaje de las alturas.



Está a 1.200 metros sobre el nivel del mar. El paso fue popularizado por Bram Stoker en su famosa novela Drácula, en la cuál se decía que éste paso era la puerta de entrada a los dominios del Conde.


Hoy dormiremos en Bistrita, una ciudad de unos 80.000 habitantes que en la Edad Media obtuvo el derecho a organizar una feria anual de quince días de duración y que contaba con bastiones y dieciocho torres de defensa. Pero la ciudadela medieval sufrió varios incendios en el siglo XIX que la destruyeron en gran parte.



Esta ciudad es mencionada también en la novela de Bram Stoker porque Jonathan Harker se aloja aquí en el Hotel Golden Crown. Años después se construyó un hotel con el mismo nombre: Coroana de Aur o Corona de oro. Nuestro hotel en esta ciudad. Con cena ambientada, uno de los mejores que hemos tenido en Rumanía.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Rumanía: Monasterios de Bucovina: Agapia, Humor y Voronet

Salimos temprano hacia el Monasterio de Agapia, en Moldavia, atravesando un paisaje de suaves colinas verdes salpicadas de árboles, granjas y pueblecitos.


A veces se ven rebaños de ovejas protegidos a la sombra de unos árboles, vacas pastando o campesinos realizando sus labores a la manera antigua, sin máquinas modernas, con carros y animales.



Las casas son bonitas, con intrincados adornos labrados en madera en los dinteles y los balcones, y los tejados a veces son de teja de madera, otras de planchas de metal o incluso tejas de barro. Tienen un jardín o terreno en la parte delantera de la vivienda.



Así llegamos al Monasterio de Agapia, fundado por Esteban el Grande y que ha sido habitado por una comunidad de monjas que ha llegado en sus mejores momentos a las cuatrocientas, aunque ahora no sean tantas.



Está a pocos kilómetros de Targu Neamt y es uno de los mayores conventos de Rumanía, construido a mediados del siglo XVII. Los frescos de su iglesia fueron pintados por Nicolae Grigorescu en el siglo XIX.




El monasterio sufrió varias invasiones que lo dañaron, pero hoy en día está reconstruido y rehabilitado. Actualmente es un recinto de dos pisos, con balcones de madera llenos de macetas con flores y una iglesia en el centro.



De nuevo en carretera hasta la ciudad de Suceava, donde hemos subido a visitar su ciudadela fortificada, Cetatea de Scaun a la que se llega después de atravesar un bosque.


Erigida por Petru Musat a finales del siglo XIV para mantener a raya a los otomanos, Esteban el Grande añadió foso, muralla y torres de defensa para soportar el asedio de Mehmet II, el conquistador de Constantinopla.


Hemos parado a comer en Gura Humorului, cerca ya de los monasterios. Ha sido una comida típica: sopa y Tochitura Moldava, una especie de plato combinado que contiene un puré de polenta, salchichas, panceta, lomo de cerdo, huevo frito, y queso. Una bomba vamos.


Por la tarde llegamos al cercano Monasterio de Humor o Monastirea Humorolui, que actualmente tiene dos partes: el antiguo, que es el que visitamos, y otra de nueva creación.


El Monasterio de Humor fue uno de los más importantes de la región en el siglo XV, pero no se sabe la razón por la cual fue abandonado unos años después, hasta el siglo XVI.
Petru Rares mandó reconstruir la iglesia en 1530. Pero era una época muy revuelta y en 1641 se añadió una muralla defensiva de la que se conserva una torre y el campanario. La torre es de planta cuadrada y varios pisos.


Al piso superior se accede por una escalera interior muy, muy estrecha y con unos escalones pequeños y empinados que hay que subir y bajar con cuidado. Pero merece la pena llegar hasta la última planta y asomarse a la galería de madera para ver una panorámica del complejo monástico y el paisaje de los alrededores.


La iglesia da la sensación de ser más pequeña por la ausencia de torre. Esto es debido a que no fue construida por un príncipe gobernante, sino por un noble. El tejado, alto y con una buena pendiente, está cubierto con las típicas tejas de madera de pino formando un amplio alero que veremos en muchas iglesias de esta zona.


La Iglesia de la Asunción de la Virgen y de San Jorge tiene en su interior una representación del Juicio Final. En su exterior, y por motivos climatológicos, es su muro sur el que conserva las pinturas en mejor estado. Los colores dominantes son el azul, el verde, el negro y el rojo.


En 1992 se refundó la comunidad monástica y se construyó un nuevo complejo al lado del antiguo que está habitado por una congregación de monjas.


El Monasterio de Voronet fue construido por Esteban el Grande porque, según cuenta una leyenda, hizo una promesa tras acudir allí a pedir consejo, en una guerra contra los turcos, a Daniel el Eremita. Como obtuvo una victoria, el edificio se levantó en 1488, en tan sólo cuatro meses.


La planta de la iglesia, que podría considerarse dentro del primer gótico, consta de presbiterio, naos con una torre encima, pronaos y un exonartex añadido posteriormente.


Su decoración interior es muy interesante, pero la exterior es sencillamente espléndida, con cientos de figuras delineadas sobre azul, el famoso "azul de Voronet", representando escenas de la vida de San Nicolás y San Juán, o historias como la del Árbol de Jesé.


Pero es en el pórtico donde encontramos una de las mejores pinturas de la zona. Es la del Juicio Final. En la parte de arriba está Cristo sentado. Debajo, a la derecha los pecadores, papas, gobernantes, turcos o judíos entre ellos, y un rio de fuego que los llevará al infierno. A la izquierda los justos, a los que San Pedro conduce al paraíso.


El hotel en la ciudad de Gura Humorulu,  cerca de Radauti, no nos ha gustado nada. Está bastante viejo, menos mal que el baño sí que estaba recientemente renovado. Para colmo no había aire acondicionado. Con 35º fuera y el sol dando de frente en la habitación. Eso sí, como dicen que normalmente hace frío incluso en verano, teníamos mantas y edredones. Después de sacar el relleno y quedarnos sólo con las fundas, hemos dejado las ventanas abiertas mientas nos íbamos a cenar.